Reportes basados en documentos de inteligencia de países de la OTAN, señalan que Rusia estaría desarrollando activamente un arma antisatélite de efecto indiscriminado. Este sistema tendría como potencial objetivo satélites en órbita baja, como los de la constelación Starlink de SpaceX, que desempeñan un rol crucial en las comunicaciones del ejército ucraniano.

Según la información el arma en desarrollo funcionaría desplegando “nubes de metralla” –cientos de miles de pequeños elementos– diseñadas para dañar componentes vulnerables de los satélites, como sus extensos paneles solares. La naturaleza pequeña de estos proyectiles dificultaría su detección por sistemas terrestres o espaciales, lo que, según la agencia, complicaría atribuir un ataque a una fuente específica.

Estos reportes se contextualizan en declaraciones previas de autoridades rusas. En octubre de 2022, Konstantin Vorontsov, portavoz adjunto del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, advirtió en la ONU que las “infraestructuras casi civiles”, en referencia a satélites comerciales utilizados con fines militares por Ucrania, podrían convertirse en “objetivos legítimos” para un ataque de represalia. Rusia considera que el uso de sistemas como Starlink por parte de Kiev representa una amenaza significativa.

Expertosseñalaron que el desarrollo de tal arma “no parece inverosímil”, especialmente tras el anuncio ruso en diciembre de 2024 del despliegue del sistema de misiles S-500, con capacidad para alcanzar objetivos en órbita baja. Sin embargo, advierten que el uso de armas de efecto indiscriminado en el espacio conlleva riesgos graves de daños colaterales incontrolables, pudiendo afectar satélites de países no involucrados o incluso activos espaciales rusos y chinos, incluida la Estación Espacial Internacional (ISS).

Victoria Samson, directora de la Fundación Secure World, sugirió que estas investigaciones podrían ser de naturaleza experimental. Una fuente familiarizada con la inteligencia declaró que el sistema está en “desarrollo activo”, pero la información sobre un posible calendario de despliegue es confidencial. El objetivo estratégico más amplio, según el análisis de inteligencia, sería “limitar la superioridad de Occidente en el espacio”. Este reporte destaca la creciente militarización del dominio espacial y los complejos desafíos de seguridad que plantea.