
Tras la captura y traslado a Nueva York del presidente Nicolás Maduro, Venezuela inicia un periodo de transición política marcado por la incertidumbre. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ha ordenado a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir como presidenta encargada, siendo la primera mujer en la historia del país en dirigir el Ejecutivo. Aunque en sus primeras declaraciones Rodríguez insistió en que “en Venezuela solo hay un presidente, que se llama Nicolás Maduro”, el alto tribunal venezolano fundamentó su decisión en la necesidad de garantizar “la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación” ante la ausencia forzosa del mandatario.
El nuevo gobierno encabezado por Rodríguez deberá navegar un complejo equilibrio de poder interno. La vicepresidenta, quien cuenta con una amplia trayectoria ministerial, no opera sola y forma junto a su hermano, Jorge Rodríguez —presidente de la Asamblea Nacional—, el núcleo del ala civil y técnica del chavismo. Sin embargo, el poder real en Venezuela se sostiene sobre dos pilares fundamentales que trascienden los cargos formales. Por un lado está Diosdado Cabello, ministro del Interior y figura histórica considerada por muchos como el número dos del régimen, quien controla los aparatos de seguridad e inteligencia. Por el otro, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, comandante de la Fuerza Armada y garante de la lealtad militar, quien ya ha expresado el apoyo de la institución castrense a Rodríguez. La cohesión entre estas figuras será determinante para la estabilidad del país.
La situación ha generado reacciones divididas en la escena internacional. Mientras el gobierno de Brasil ya reconoció a Delcy Rodríguez como la líder de Venezuela en ausencia de Maduro, otros países como México condenaron la intervención militar estadounidense. Un grupo de naciones, entre las que se encuentran España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, rechazaron de forma conjunta “las acciones militares ejecutadas unilateralmente” y abogaron por una solución pacífica. Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que su país “gobernará Venezuela hasta que haya una transición segura”, señalando que por un tiempo serán las personas de su administración quienes dirigirán el rumbo del país. Trump también desestimó un posible liderazgo de la opositora María Corina Machado.
Este escenario deja a Venezuela en un territorio político desconocido. La capacidad de la nueva dirigencia para mantener la unidad interna y gestionar las presiones externas definirá el futuro inmediato del país. La comunidad internacional observa con atención mientras el Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para discutir la crisis.
