En una discreta pendiente del municipio de Huaquechula, alejada de las principales rutas turísticas, un rostro de piedra observa a los escasos visitantes. Se trata de la “Piedra Máscara”, un vestigio arqueológico prehispánico tallado en altorrelieve que, por sus distintivas características, representa uno de los enigmas culturales más fascinantes de la región y atrae tanto a pobladores como a curiosos.

La figura, que muestra unos ojos profundos, una boca abierta, orejas y lo que podría ser una diadema ceremonial, se encuentra en el camino que conecta la colonia San Miguel con la ruta a la comunidad de Santiago Tetla, a pocos metros del panteón de La Trinidad. El sitio carece de señalización oficial, por lo que su ubicación es transmitida principalmente por el conocimiento local.

Posible origen y significado ceremonial

Aunque no existe un registro oficial que acredite con exactitud su valor arqueológico, especialistas señalan que sus rasgos podrían corresponder a la representación de una deidad o un personaje ritual de origen prehispánico. En las culturas mesoamericanas, las máscaras de piedra no eran meros objetos decorativos. Se utilizaban en ceremonias dedicadas a los dioses, rituales de paso y festividades, donde servían como un medio para asumir la identidad de una deidad y facilitar la comunicación con el mundo espiritual.

En el contexto más amplio de la región, Huaquechula, cuyo nombre náhuatl significa “junto a las hermosas y ricas plumas del águila”, cuenta con otros vestigios notables. Entre ellos se encuentra la “Piedra Escribida” o “Piedra Floreada”, descubierta en la comunidad de Soledad Morelos en 1986 y que se cree representa a una serpiente de cascabel emplumada, símbolo asociado a las nubes y la lluvia, posiblemente una representación de la deidad Mixcoatl-Camaxtli.

Leyendas y respeto por el sitio

Más allá de su posible valor histórico, la Piedra Máscara es un elemento central en la memoria colectiva de Huaquechula y es custodiada por un rico acervo de relatos orales. Uno de los más conocidos narra que, hace algunos años, un hombre que atravesaba una crisis personal visitó el lugar y, al observar la figura, aseguró reconocer en ella el rostro de su exesposa. En un arrebato, intentó golpear la piedra, provocándose graves heridas en las manos y perdiendo el conocimiento, por lo que requirió una larga recuperación.

Los pobladores de mayor edad sostienen que el área donde se encuentra la piedra fue en el pasado un centro ceremonial, anterior incluso a la fundación del actual pueblo, por lo que consideran que el sitio debe ser tratado con especial respeto. Otra leyenda local, recogida por medios regionales, menciona que durante la medianoche del 24 de junio, festividad de San Juan, la piedra se abriría para revelar tesoros ocultos, una prueba que pondría a prueba la ambición de quien intentara tomarlos.

La Piedra Máscara de Huaquechula permanece así como un testimonio silencioso, un puente entre el pasado prehispánico y el presente, que sigue alimentando la curiosidad, el respeto y las historias de la comunidad que la resguarda.