
En medio de una de las crisis diplomáticas más graves de la alianza en décadas, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, declaró este lunes que un ataque militar de Estados Unidos contra Groenlandia, un territorio autónomo danés, significaría “el fin de todo, incluida la OTAN” y el sistema de seguridad transatlántico vigente desde la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, la OTAN está formada por 32 países:
Estados Unidos, Canadá, Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Suecia y Turquía.
Sus contundentes declaraciones, son una respuesta directa a las reiteradas amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, quien en los últimos días ha insistido en la necesidad de que Washington tome el control de la isla ártica, sugiriendo incluso un plazo de “20 días” para abordar el asunto.
Una advertencia sin precedentes
“Creo que hay que tomar en serio al presidente de Estados Unidos cuando dice que quiere Groenlandia”, afirmó Frederiksen, reflejando la creciente ansiedad en las capitales europeas tras la reciente operación militar estadounidense en Venezuela. “Pero también quiero dejar claro que si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, todo se detiene”.
La mandataria subrayó que ni Dinamarca ni la población de Groenlandia aceptarán una situación de amenaza. “No aceptaremos una situación en la que Groenlandia y nosotros seamos amenazados de esta manera”, remachó. Reiteró que Groenlandia “ha dicho repetidamente que no quiere ser parte de Estados Unidos”.
Respuesta de Groenlandia y apoyo europeo
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, respondió con firmeza a las declaraciones de Trump. “Ya basta. No más presiones. No más insinuaciones. No más fantasías de anexión”, escribió en redes sociales, instando a un diálogo que respete “los canales adecuados y el derecho internacional”. Nielsen también descartó las comparaciones con Venezuela, subrayando que Groenlandia es una democracia consolidada.
La posición danesa ha recibido un sólido respaldo continental. Los líderes de Alemania, Francia, Italia, Polonia, España y el Reino Unido, junto con la propia Dinamarca, emitieron una declaración conjunta el martes afirmando que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y que “corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia”.
El interés estratégico de EE.UU. y la reacción del círculo de Trump
Donald Trump justifica su interés en Groenlandia por razones de seguridad nacional, argumentando que la isla está “repleta de barcos rusos y chinos” y que Dinamarca no puede garantizar su defensa. Estas afirmaciones han sido cuestionadas por expertos y autoridades locales, que las califican de exageradas.
La tensión se vio exacerbada por una publicación en redes sociales de Katie Miller, expersonal de Trump y esposa de su influyente asesor Stephen Miller. Miller compartió una imagen de Groenlandia cubierta con la bandera estadounidense y la palabra “PRONTO”. Stephen Miller, por su parte, respaldó públicamente la ambición anexionista, afirmando que “Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos” y declarando que “nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.
Contexto: Una alianza en la cuerda floja
La OTAN, fundada en 1949, se rige por el principio de defensa colectiva consagrado en su Artículo 5, donde un ataque contra un aliado se considera un ataque contra todos. La advertencia de Frederiksen pone de relieve que un acto de agresión de un miembro contra otro haría colapsar este principio fundamental, desintegrando la alianza.
La crisis se produce en un momento de extrema sensibilidad, inmediatamente después de que Estados Unidos llevara a cabo una operación militar en Venezuela para capturar a su presidente, Nicolás Maduro. Este evento ha hecho que aliados como Dinamarca tomen con renovada seriedad las amenazas de Trump.
A pesar de la retórica, Estados Unidos y Dinamarca mantienen una estrecha cooperación de defensa. Washington opera la Base Espacial Pituffik en el noroeste de Groenlandia bajo un acuerdo bilateral de 1951, una instalación crítica para la vigilancia y defensa de misiles.
La escalada verbal ha sumido a la OTAN en una profunda incertidumbre. La posibilidad, por remota que sea, de que un aliado contemple la fuerza militar contra otro, representa una prueba sin precedentes para la cohesión y el futuro de la alianza transatlántica.
