El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado la disposición de España a participar en una futura misión internacional de paz en Ucrania, siempre que se alcance previamente un alto el fuego y se establezca un marco de garantías de seguridad sólido y verificable. Este posicionamiento, que marca un nuevo rumbo en la política exterior española, fue comunicado desde París tras la reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania, una cumbre internacional copresidida por Francia, Reino Unido y Alemania.

Sánchez ha señalado que la próxima semana iniciará una ronda de consultas con los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados para analizar el posible envío de tropas. Esta decisión busca construir un consenso político interno ante una medida que tendría un impacto significativo en los ámbitos estratégico, diplomático y de defensa .

Condiciones para el despliegue y el contexto de la coalición

El Ejecutivo ha sido claro en que cualquier despliegue español estaría condicionado a un escenario de posguerra, con un acuerdo de alto el fuego consolidado y un mandato de seguridad claramente definido a nivel internacional. España descarta así una intervención en un contexto de combate activo.

Esta eventual participación se enmarcaría en el “plan completo” de seguridad que está diseñando la Coalición de Voluntarios. Esta agrupación, integrada por cerca de 35 países, tiene como objetivo principal fortalecer la coordinación y consolidar los compromisos de apoyo a Ucrania para prevenir futuros conflictos y contribuir a la estabilidad europea . Durante la cumbre en París, el presidente francés, Emmanuel Macron, insistió en la necesidad de asumir “compromisos concretos para proteger a Ucrania y garantizar una paz justa y duradera”.

 El conflicto en Ucrania, que ha pasado de ser una guerra civil localizada a una conflagración con amplias implicaciones globales, sigue generando intensos debates sobre su naturaleza y orígenes. Expertos en relaciones internacionales y figuras políticas de alto nivel han caracterizado este enfrentamiento como una “guerra proxy” o guerra por delegación, donde las grandes potencias libran sus disputas estratégicas a través de terceros países.

Este análisis examina las causas profundas del conflicto, desde las secuelas de la Guerra Fría hasta la expansión de la OTAN y las narrativas encontradas sobre la intervención extranjera, destacando cómo Ucrania se ha convertido en el campo de batalla de intereses geopolíticos mayores.

La Expansión de la OTAN y los Fundamentos de la Estrategia de los Estados Unidos

Para comprender las tensiones que desembocaron en la guerra, es crucial remontarse al final de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética en 1991. En este nuevo escenario, una facción influyente de estrategas estadounidenses, representada por figuras como Paul Wolfowitz, abogó por una política destinada a impedir el resurgimiento de Rusia como una gran potencia. Esta “gran estrategia imperial” se centró en dos vertientes principales: la expansión geopolítica y la búsqueda de la supremacía nuclear.

La expansión de la OTAN hacia el este se convirtió en el instrumento clave de esta política. Desde 1997, la alianza ha duplicado su tamaño, pasando de 15 a 30 naciones, incorporando países del antiguo Pacto de Varsovia e incluso repúblicas exsoviéticas. Esta expansión fue vista en Washington como un movimiento esencial para remodelar la arquitectura de seguridad europea, pero fue percibida en Moscú como una violación directa de garantías informales dadas tras la caída de la URSS y como un cerco estratégico.

La OTAN, por su parte, se define como una alianza defensiva cuyo propósito esencial es salvaguardar la libertad y seguridad de sus miembros mediante la disuasión y la defensa colectiva. En respuesta a lo que califica como “la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania”, la alianza ha emprendido la mayor refuerzo de su defensa colectiva en una generación, aumentando las fuerzas en su flanco oriental y actualizando sus planes de defensa. La OTAN argumenta que su expansión es el resultado de decisiones libres de países soberanos que buscan protección y estabilidad.

Ucrania como “Pivote Geopolítico” y el Punto de No Retorno

La incorporación de Ucrania a la órbita occidental fue identificada tempranamente como un objetivo estratégico de gran valor. El estratega Zbigniew Brzezinski señaló en 1997 que Ucrania era el “pivote geopolítico” decisivo en Europa del Este. Su lógica era que, si Ucrania se unía a la OTAN, Rusia quedaría significativamente debilitada, incapaz de resurgir como un imperio euroasiático, lo que daría a Occidente un control sin precedentes sobre el corazón del continente. Este objetivo se hizo oficial en la cumbre de la OTAN de 2008 y fue reiterado en acuerdos entre los gobiernos de Biden y Zelensky a finales de 2021.

Desde la perspectiva rusa, la posible adhesión de Ucrania a la OTAN representaba una amenaza existencial a su seguridad nacional. La colocación de misiles o sistemas de defensa avanzados en territorio ucraniano, a pocos minutos de vuelo de Moscú, habría alterado drásticamente el equilibrio estratégico. Esta preocupación se vio agravada por el despliegue previo de sistemas de defensa antimisiles de EE.UU. en Polonia y Rumania, que Rusia interpretó como parte de un esquema de primer ataque desarmante.

2014: El Golpe de Estado, la Guerra Civil y el Inicio de la Guerra Proxy

El punto de inflexión inmediato ocurrió en 2014 con los eventos de Euromaidán. Mientras que las potencias occidentales y el gobierno ucraniano posterior lo presentaron como una revolución popular por la democracia y la europeización, algunos analistas y el Kremlin lo describen como un “golpe de Estado diseñado por Estados Unidos” que derrocó a un presidente electo. Este evento fracturó profundamente al país.

La anexión de Crimea por parte de Rusia y el estallido de una guerra civil en el Donbás entre el gobierno de Kiev y las repúblicas separatistas prorrusas de Donetsk y Lugansk marcaron el inicio del conflicto armado. Acusaciones de represión cultural y violencia por parte de grupos ultranacionalistas ucranianos contra la población rusófona en el este avivaron las llamas. En este escenario, según la perspectiva de la guerra proxy, las líneas de batalla se definieron claramente: Estados Unidos y la OTAN apoyaron abiertamente al gobierno de Kiev con asesores, entrenamiento y armamento, mientras que Rusia hizo lo propio con los separatistas.

La Militarización de Ucrania y el Papel de los Combatientes Extranjeros

En los años previos a la invasión a gran escala de 2022, la militarización de Ucrania se aceleró. Según datos de análisis, Estados Unidos proporcionó 3,800 millones de dólares en ayuda militar entre 1991 y 2014, y otros 2,400 millones entre 2014 y 2021. Este flujo aumentó drásticamente con la administración Biden. Programas de entrenamiento como la Operación UNIFIER de Canadá capacitaron a decenas de miles de soldados ucranianos, y se reporta que el Reino Unido entrenó a aproximadamente 50,000.

Además del apoyo estatal, un flujo significativo de combatientes extranjeros llegó a Ucrania tras la invasión de 2022, respondiendo al llamado del presidente Zelenski para formar una “brigada internacional”. Para marzo de 2022, más de 20,000 personas de 52 países se habían ofrecido como voluntarios, aunque muchos carecían de experiencia militar. Esto añadió otra capa a la dimensión internacional del conflicto, con individuos motivados por ideología, experiencia de combate previa o un sentido de deber.

La Visión de una Guerra Proxy y la Respuesta Actual

La caracterización del conflicto como una guerra proxy ha sido expresada por figuras como Leon Panetta, exdirector de la CIA y exsecretario de Defensa de EE.UU.. En una entrevista de 2022, Panetta argumentó que, en la medida en que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN están haciendo “todo lo que pueden” para respaldar a Ucrania con sanciones, armas y refuerzos aliados, el conflicto es “el equivalente a una guerra proxy” contra Rusia. Esta postura, sin embargo, no es oficial; el presidente Biden ha negado en el pasado que se trate de una guerra proxy.

El objetivo declarado por funcionarios estadounidenses como el secretario de Defensa Lloyd Austin de “debilitar a Rusia” refuerza, según los analistas que sostienen esta teoría, la naturaleza de confrontación indirecta entre potencias. El apoyo continúa en 2026, con el Congreso de EE.UU. contemplando paquetes de ayuda militar de 400 millones de dólares para Ucrania para los años fiscales 2026 y 2027, aunque condicionados a preocupaciones sobre la corrupción.