
Estados Unidos y Taiwán anunciaron el 15 de enero de 2026 la firma de un acuerdo comercial considerado histórico, el cual contempla una reducción de aranceles recíprocos para productos taiwaneses, que pasarán del 20 % al 15 %. El pacto busca fortalecer la cooperación económica bilateral y colocar a Taiwán en una posición arancelaria comparable a la de otros socios estratégicos de Washington, como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, lo que podría impulsar el intercambio comercial entre ambas economías.
De acuerdo con lo informado, la disminución arancelaria representa un avance significativo para las exportaciones taiwanesas, particularmente en sectores de alto valor agregado. Analistas señalan que la medida podría mejorar la competitividad de los productos de Taiwán en el mercado estadounidense, al tiempo que envía una señal de mayor alineación económica entre ambos países en un contexto de reconfiguración del comercio global.
Como parte del acuerdo, empresas taiwanesas asumieron compromisos de inversión en Estados Unidos, con especial énfasis en el sector de semiconductores, considerado estratégico para la seguridad económica y tecnológica. Estas inversiones estarán orientadas a expandir capacidades de producción en áreas clave como la fabricación de chips avanzados, componentes para inteligencia artificial y tecnologías relacionadas con la industria de alta precisión.
El entendimiento también incluye mecanismos de crédito y financiamiento destinados a facilitar la llegada de capital taiwanés a territorio estadounidense, así como apoyos para fortalecer cadenas de suministro estratégicas. Estos instrumentos buscan reducir riesgos, acelerar proyectos industriales y asegurar el abastecimiento de insumos críticos para sectores tecnológicos sensibles.
Funcionarios de ambos países destacaron que el acuerdo no solo tiene un impacto económico, sino también relevancia geoestratégica, al profundizar la cooperación en industrias clave y reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro frente a tensiones globales. En ese sentido, el pacto se interpreta como un paso más en la consolidación de la relación económica entre Estados Unidos y Taiwán.
Especialistas consideran que, de implementarse de manera efectiva, el acuerdo podría dinamizar el comercio bilateral, atraer nuevas inversiones y consolidar a Taiwán como un socio económico prioritario para Estados Unidos en la región de Asia-Pacífico, al tiempo que refuerza el liderazgo estadounidense en tecnologías avanzadas y manufactura de próxima generación.
