El Gobierno de Estados Unidos aprobó formalmente la solicitud de Perú para liderar la construcción de una nueva Base Naval en el Callao, la principal y más grande del país sudamericano, en un proyecto valorado en 1.500 millones de dólares. Este acuerdo, gestionado bajo la modalidad de gobierno a gobierno (G2G), fue anunciado el jueves 16 de enero de 2026 por la Agencia de Cooperación en Seguridad y Defensa del Departamento de Defensa de EE.UU., y contempla el envío de una delegación técnica estadounidense por hasta una década para su supervisión directa.

Detalles operativos y alcance del acuerdo estratégico

La iniciativa responde a la necesidad de Perú de contar con infraestructura portuaria de última generación capaz de albergar y operar su nueva flota de guerra, que incluye submarinos en modernización y nuevas embarcaciones desarrolladas en cooperación con la empresa surcoreana Hyundai. El proyecto, que se financiará íntegramente con fondos del Estado peruano, no solo implica la construcción de nuevos muelles en la desembocadura del río Rímac, sino que también liberará aproximadamente 80 hectáreas de la actual base naval para facilitar la expansión del puerto comercial adyacente.

El Departamento de Estado estadounidense destacó en un comunicado que este esfuerzo “contribuirá a los objetivos de política exterior de Estados Unidos al apoyar a mejorar la seguridad de un importante socio”, subrayando que la venta “no alterará el balance militar regional”. Como parte del compromiso, una delegación de hasta 20 representantes estadounidenses, entre funcionarios gubernamentales y expertos del sector privado, permanecerá en Perú por un período que puede extenderse hasta diez años. Su misión será gestionar y supervisar todas las fases del proyecto, desde el diseño inicial y los estudios de ingeniería hasta la construcción final y el soporte logístico.

Contexto geopolítico y modernización militar integral

La modernización de la Base Naval del Callao se enmarca en un momento de intensa competencia estratégica en la región y forma parte de un plan integral de renovación de las Fuerzas Armadas peruanas. Analistas señalan que el proyecto posiciona a la nueva instalación como un competidor directo del megapuerto de Chancay, ubicado a menos de 80 kilómetros y construido con una inversión de 1.400 millones de dólares por la naviera estatal china Cosco. Esta dinámica convierte al litoral peruano en un escenario clave de la puja por influencia entre Washington y Pekín en Sudamérica.

Paralelamente, Perú avanza con otras adquisiciones de defensa de gran envergadura. El Congreso peruano ya aprobó un presupuesto de 2.350 millones de dólares para la adquisición de 24 cazas multirol de última generación, y el Ejército confirmó la compra de sistemas de artillería israelíes y acuerdos para futuros tanques surcoreanos. Este impulso modernizador se complementa con una creciente cooperación militar bilateral. En diciembre de 2025, el Congreso peruano autorizó la presencia de decenas de militares estadounidenses —incluyendo fuerzas especiales y equipos SEAL— a lo largo de todo 2026 para participar en ejercicios conjuntos de entrenamiento y apoyo con las fuerzas de seguridad peruanas.