
La capital ucraniana suspende la actividad educativa presencial tras los bombardeos más severos contra su sistema energético desde 2022, con medio millón de niños afectados y una emergencia nacional declarada
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, anunció el cierre de todas las escuelas de la capital desde el 19 de enero y hasta el 1 de febrero, como medida de emergencia ante la crítica situación energética derivada de una nueva ola de ataques rusos contra la infraestructura civil. Esta decisión, que afecta a cerca de medio millón de estudiantes, busca preservar la seguridad de los niños ante la imposibilidad de garantizar calefacción y condiciones básicas en los centros educativos, con temperaturas que caen hasta los -20 °C.
La medida se produce luego de que los bombardeos del 9 de enero causaran daños “sin precedentes” en el sistema energético de la ciudad, provocando una crisis que el alcalde Klitschko describió como “la más grave en tiempos de guerra”.
Un sistema energético al límite
El ataque masivo del pasado 9 de enero generó una cascada de fallos críticos:
- 6,000 edificios residenciales, aproximadamente la mitad de la ciudad, quedaron inicialmente sin calefacción.
- Una semana después, unos 100 edificios seguían sin suministro térmico mientras los equipos trabajan sin descanso en las reparaciones.
- La ciudad, con 3.6 millones de habitantes, dispone de apenas la mitad de la electricidad que necesita, estimada en 1,700 megavatios.
- Muchos residentes enfrentan cortes rotativos de electricidad que se extienden entre 12 y hasta 20 horas diarias.
Ante este colapso, las autoridades han implementado un plan drástico de ahorro energético que incluye reducir la iluminación pública a apenas una quinta parte de su capacidad normal. La prioridad absoluta es mantener en funcionamiento hospitales, sistemas de suministro de agua y otras infraestructuras críticas, lo que requiere unas 300 toneladas diarias de combustible.
Respuesta nacional e internacional
El gobierno del presidente Volodímir Zelenski decretó un “estado de emergencia” en todo el sector energético nacional el 15 de enero. Esta declaración permite agilizar procedimientos, redistribuir equipos de emergencia y aumentar las importaciones de electricidad para estabilizar la red.
La comunidad internacional ha respondido con apoyo. Alemania anunció una ayuda suplementaria de 60 millones de euros destinada específicamente a proveer sistemas de calefacción y agua caliente a la población más afectada. Organizaciones como Save the Children han alertado de que “el invierno está siendo usado como un arma de guerra”, privando a los niños de educación y calor básico. Datos de la organización indican que los ataques a infraestructura energética se casi duplicaron en el último trimestre de 2025, pasando de 294 a 511 incidentes.
Contexto de una guerra que se recrudece en invierno
El cierre escolar en Kiev es un síntoma de una campaña más amplia. Rusia ha intensificado sistemáticamente los bombardeos contra la red energética ucraniana en los meses fríos, buscando minar la resistencia civil. Solo en los primeros diez días de 2026 se registraron 36 incidentes que dañaron infraestructura energética.
La situación también genera riesgos más allá del suministro eléctrico doméstico. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) negoció un alto el fuego temporal en los alrededores de la planta nuclear de Zaporizhzhia —la más grande de Europa y bajo control ruso— para permitir reparaciones críticas en su última línea eléctrica de reserva, dañada en ataques recientes. El director del OIEA, Rafael Grossi, advirtió que el deterioro de la red eléctrica nacional tiene “implicaciones directas para la seguridad nuclear”.
Mientras las autoridades de Kiev habilitan más de 1,300 puntos con calefactores para que la población pueda refugiarse del frío, el futuro inmediato es incierto. Klitschko ha pedido a los residentes que, si les es posible, abandonen temporalmente la ciudad, y admitió que se preparan planes de contingencia ante la posibilidad de nuevos ataques. Con el invierno en su punto más crudo y una guerra que se acerca a su cuarto aniversario, Ucrania libra una batalla paralela por mantener el calor y la luz.
