
El artista neoyorquino desvela en una entrevista íntima los desafíos logísticos, la presión gubernamental y el momento de desesperación que precedió a su instalación histórica en la Ciudad de México.
Durante una conversación íntima “en la cama” como parte de las charlas InBED en la Semana del Arte, el reconocido artista Spencer Tunick compartió por primera vez con detalles vívidos el caos controlado, los obstáculos políticos y el acto de fe colectiva que hicieron posible su instalación histórica en el Zócalo de la Ciudad de México el 6 de mayo de 2007, donde reunió a más de 20 mil participantes desnudos al amanecer.
La Negativa que Multiplicó el Interés
Tunick reveló que el proyecto enfrentó inicialmente el rechazo gubernamental durante uno o dos años. “Las personas en México estaban emocionadas con la idea; el gobierno, no”, recordó el artista. Fue su productora, Mireya Escalante, quien sugirió una estrategia audaz: acudir a la prensa para ejercer presión. “Si nos hubieran concedido el permiso de inmediato, tal vez hubiéramos reunido a 5 mil personas. La negativa aumentó el interés del público de manera exponencial”, confesó Tunick.
Cronómetro Solar: La Precisión de un Vampiro
El artista describió la sesión como una carrera contra el tiempo y la luz. Días antes, realizó pruebas para determinar el intervalo exacto entre el amanecer y el momento en que el sol se alzaría sobre Palacio Nacional. “Era como un vampiro: tenía que crear arte antes de que me pegara el sol”, explicó. Desde el restaurante de un edificio aledaño, gritaba instrucciones a una multitud distribuida en lo que describió como un “cañón” humano, con una precisión milimétrica para capturar la imagen perfecta.
El Momento de Crisis: Un Grito Desesperado
El momento más crítico llegó cuando Tunick pidió a los miles de participantes que se acurrucaran en posición fetal, con la cabeza de una persona junto al cuerpo de otra. “La gente no me hacía caso. Mientras me peleaba con el amanecer, sentí que iba a fallar”, admitió. Fue entonces cuando gritó algo que cambiaría el curso de la sesión: “‘¡En nombre de mi abuela, por favor, háganlo por mí!'”. Instantáneamente, la multitud respondió, creando una de las formaciones más emblemáticas de la instalación.
Filosofía Artística: Cuerpos, Espacio Público y Libertad
Más allá de la anécdota, Tunick reflexionó sobre su filosofía artística: “Nadie es dueño de tu cuerpo. Si el gobierno dice que sí, especialmente en un espacio público, eso no es bueno”. Para él, los paisajes urbanos son “telas en blanco” que deben estar disponibles para la expresión artística. “Soy una persona de exteriores. El hecho de no mantener mi obra en interiores es lo que da poder a las personas”, afirmó.
El Legado y la Evolución
A casi dos décadas de aquella mañana histórica, Tunick sigue creyendo en empujar fronteras. Aunque extraña la intimidad de sus primeros trabajos en las calles de Nueva York en los años 90 —donde abordaba a extraños para “emprender una aventura urbana”—, celebra que nuevas generaciones continúen explorando la relación entre cuerpo colectivo y espacio público.
Contexto Actual: Tunick se encuentra en México participando en el proyecto “Algo más de Lola”, organizado por Casa Basalta en colaboración con Saenger Galería, dentro del marco de la Semana del Arte 2026.
La instalación del Zócalo en 2007 permanece como uno de los proyectos de arte participativo más grandes en la historia de México, un testimonio de cómo la resistencia burocrática puede transformarse en un catalizador para la expresión colectiva masiva.
