Una severa escasez de combustible está paralizando sectores clave de la sociedad cubana, afectando desde el transporte público hasta la generación de electricidad y el funcionamiento de instituciones educativas. La crisis, atribuida por las autoridades a las sanciones económicas internacionales, ha generado una respuesta de adaptación que evoca periodos anteriores de extrema dificultad económica en la isla.

Impacto en la Movilidad y la Vida Cotidiana

El sistema de transporte público, columna vertebral de la movilidad urbana, ha visto drásticamente reducidos sus servicios. En La Habana, la ausencia de las guaguas (autobuses) ha forzado a la población a depender de medios informales como motocicletas, bicicletas y vehículos eléctricos de pequeña capacidad conocidos localmente como “enjambres”. En las estaciones de servicio, se reportan filas de vehículos que se extienden por varias cuadras, con tiempos de espera que pueden superar las ocho horas.

El déficit se extiende al sector energético residencial. Numerosos municipios experimentan apagones programados que pueden durar varias horas al día, interrumpiendo actividades domésticas, comerciales y educativas. Familias reportan haber tenido que reemplazar estufas eléctricas por cocinas de leña o carbón, y reorganizar completamente sus rutinas en función de la disponibilidad intermitente de electricidad.

Adaptación Institucional y Respuesta Gubernamental

Ante la emergencia, el gobierno ha implementado un plan de contingencia que prioriza el suministro de combustible para sectores considerados vitales, como la agricultura de riego, la salud pública y la industria alimentaria. En el ámbito laboral y educativo, se ha promovido una transición hacia modalidades de trabajo y estudio a distancia, similar a las adoptadas durante la pandemia de COVID-19.

La Universidad de La Habana, por ejemplo, ha extendido oficialmente la modalidad semipresencial a la totalidad de sus carreras, mientras se evalúa qué actividades esenciales requieren presencialidad obligatoria.

Contexto y Narrativa Oficial

Las autoridades cubanas sitúan esta crisis dentro de un marco histórico de resistencia ante la presión externa. Funcionarios y medios de comunicación estatales han empleado recurrentemente la analogía del “asedio de Numancia” —la ciudad celtíbera que resistió hasta la destrucción frente al Imperio Romano en el 133 a.C.— para describir la actitud nacional ante la adversidad.

Esta narrativa enfatiza la resiliencia colectiva y la unidad, presentando las dificultades actuales como otro capítulo en lo que denominan una larga lucha por la soberanía nacional frente a medidas de coerción económica. Intelectuales y figuras públicas alineados con el gobierno han matizado esta comparación, subrayando una convicción de superación en lugar de un fatalismo histórico.

Perspectivas y Análisis

Analistas económicos internacionales señalan que la vulnerabilidad energética de Cuba es estructural. La isla depende críticamente de importaciones de petróleo y derivados, y su infraestructura de generación eléctrica sufre de obsolescencia y falta de mantenimiento. La combinación de estos factores con un entorno de sanciones financieras y comerciales restringidas crea un escenario de alta fragilidad.

No se ha anunciado un plazo claro para la normalización del suministro. La capacidad del gobierno para gestionar la crisis dependerá, según observadores, de su habilidad para asegurar nuevas vías de abastecimiento energético y de la eficacia de sus medidas de racionamiento interno, mientras la población continúa adaptándose a una nueva normalidad de restricciones.