El escritor Carlos Zanón, nacido en Barcelona y reconocido por su estilo directo y su mirada incisiva sobre la sociedad contemporánea, ha dado a conocer su nueva novela Objetos perdidos, en la que profundiza en la vida de aquellos que transitan por los márgenes de la ciudad. Zanón, también director del festival BCNegra, señalaba que con esta obra buscaba explorar los rincones más duros y a menudo invisibles de la vida urbana, poniendo el foco en personajes que parecen estar olvidados por el ritmo acelerado de las metrópolis modernas.

La novela se sitúa en una Barcelona que ha cambiado profundamente en los últimos años, transformada por el turismo y la gentrificación, donde la precariedad y las pérdidas humanas se convierten en temas centrales. El protagonista, un abogado que se dedica a localizar personas desaparecidas, encarna la búsqueda constante de sentido en un entorno donde las relaciones, las historias y las identidades se fragmentan con facilidad. A través de él, Zanón articula una reflexión sobre cómo las ciudades contemporáneas pueden desdibujar los lazos humanos y dejar a muchas personas “perdidas” en su propio paisaje.

Zanón ha comentado que la novela también refleja su propia visión de la sociedad actual, una en la que —en sus palabras— “todos estamos más cerca de la calle que de ser Amancio Ortega”, aludiendo a la enorme distancia que existe entre la realidad cotidiana de la mayoría y las fortunas excepcionales que dominan la economía y la cultura popular. Esta frase resume parte de la intención del autor: poner en primer plano a personajes comunes y complejos, lejos de las historias idealizadas que a menudo dominan la literatura comercial.

Con una prosa contundente y sin concesiones, Objetos perdidos se sitúa como una obra que busca no solo contar una historia de búsqueda y misterio, sino también ofrecer una mirada sincera y profunda sobre la condición humana en tiempos contemporáneos. En este sentido, la novela invita al lector a reflexionar sobre la vulnerabilidad, la identidad y la manera en que las ciudades moldean y, en ocasiones, absorben a quienes las habitan.