Durante una época de mi vida, tuve la oportunidad de ser parte de la conocida cariñosamente como “Gran máquina amarilla” DHL Express. Es una época que recuerdo con mucho cariño e incluso nostalgia… Una de las canciones que más utilizábamos para eventos internos, motivación diaria y hasta comerciales, era “Ain’t No Mountain High Enough – Marvin Gaye & Tammi Terrell”.

El mundo de los negocios está lleno de señales, a veces tan discretas que pasan desapercibidas. Pero cuando un gigante como DHL anuncia que suspende temporalmente los envíos a su principal mercado, Estados Unidos, es una alarma que no podemos ignorar. No es un simple ajuste logístico, sino la prueba fehaciente de que las tensiones comerciales afectan a la tienda en línea que usamos o al emprendedor que depende de las exportaciones.

¿Qué pasó? Todo se reduce a una medida llamada el régimen “de minimis”. Hasta hace poco, si enviabas un paquete a Estados Unidos con un valor menor a 800 dólares, entraba al país sin aranceles ni trámites aduaneros complejos. Era la arteria principal del comercio electrónico global y la herramienta de oro para miles de pequeños y medianos negocios.

Pero con el fin de este régimen, el tablero de juego ha cambiado por completo. Ahora, cada paquete, sin importar su valor, debe pasar por un proceso aduanero formal, generando un caos logístico. Las empresas de paquetería, como DHL, se enfrentan a un panorama de incertidumbre: ¿quién se hará cargo de la burocracia, cómo se pagarán los nuevos aranceles y quién se encargará de recaudar estos impuestos?

Ante la falta de reglas claras, la respuesta más lógica para un gigante de la logística fue la cautela. Han preferido detenerse, en vez de arriesgarse a una congestión masiva en las aduanas y a un sinfín de problemas operativos que podrían costarles miles de millones de dólares.

Para nosotros, en México, las implicaciones son directas. Si eres un pequeño emprendedor que vende artesanías, ropa o productos únicos a través de una tienda en línea, esta medida te afecta de lleno. Tus envíos ahora serán más lentos, más caros y complejos, complicando el sueño de exportar a la principal economía del mundo.

La pausa de DHL no es un problema de esa compañía en particular; es el síntoma de una enfermedad más profunda: la creciente ola de proteccionismo que está reconfigurando el comercio global. Nos enseña que las cadenas de suministro son más frágiles de lo que pensábamos y que una jugada en Washington puede tener un efecto dominó hasta la puerta de nuestra casa… resultó que sí había una montaña lo suficientemente alta para hacer que la máquina amarilla no llegará.