
El abandono escolar en Puebla registró un incremento preocupante en tres niveles educativos: primaria, secundaria y superior, siendo este último el que mostró la cifra más alarmante al superar incluso el promedio nacional. Así lo revelan los datos estadísticos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), actualizados al 1 de septiembre de 2025.
En primaria, donde se había logrado reducir la deserción a 0.0 por ciento, el ciclo 2023-2024 cerró con un repunte a 0.3 por ciento, lo que significa que más de dos mil alumnos dejaron las aulas. En secundaria, con una matrícula de 349 mil estudiantes, el abandono escolar pasó de 2.8 a 3.5 por ciento en un solo ciclo. En nivel superior, el fenómeno alcanzó niveles críticos: la deserción creció de 9.0 a 12.6 por ciento, muy por encima del promedio nacional de 7.1 por ciento, en un universo de más de 358 mil jóvenes.
La única excepción fue la educación media superior, donde se registró una ligera disminución, pasando de 9.7 a 9.5 por ciento. Este contraste, según especialistas, evidencia que los esfuerzos en este nivel están funcionando, mientras que en los demás no se ha logrado contener la problemática.
Un problema estructural con raíces sociales
El doctor en Investigación Educativa y catedrático de la UPAEP, Rodolfo Cruz Vadillo, explicó que la deserción escolar es un problema estructural que refleja otras crisis más profundas: pobreza, inequidad, migración forzada y hasta el reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado.
En los niveles básicos —primaria y secundaria— el abandono no obedece a la decisión de los alumnos, sino a factores externos que obligan a los padres a sacarlos de la escuela, ya sea por falta de recursos, desplazamiento de sus comunidades o inseguridad. En cambio, en el nivel superior, aunque los jóvenes ya deciden por sí mismos, las causas son también estructurales: falta de cobertura, inequidad en el acceso educativo y programas académicos poco atractivos o de baja calidad.
El especialista advirtió que el abandono escolar limita las oportunidades de desarrollo económico del país, ya que el grado educativo de la población está directamente relacionado con la competitividad y productividad de las futuras generaciones. Además, interrumpir la formación escolar implica que los estudiantes pierdan herramientas sociales valiosas adquiridas en la convivencia dentro de las aulas.
Crisis social y política, más allá de lo educativo
Para Cruz Vadillo, el incremento en las cifras no solo refleja un problema educativo, sino una crisis social y política:
- Familias que, ante la pobreza, no tienen más opción que priorizar el trabajo sobre los estudios.
- Jóvenes universitarios que se ven obligados a abandonar sus carreras por falta de oportunidades o por la percepción de que un título no garantiza empleo.
- Zonas del estado donde la violencia y el crimen organizado desplazan comunidades enteras, afectando directamente la continuidad escolar.
El académico enfatizó que no se trata de un fenómeno aislado de la capital poblana, sino de un problema que atraviesa todo el estado, con realidades muy distintas entre regiones.
La necesidad de políticas focalizadas
El ligero avance en el nivel medio superior demuestra que sí es posible reducir la deserción con estrategias adecuadas. Sin embargo, el especialista subrayó la urgencia de aplicar políticas focalizadas que atiendan las necesidades específicas de cada región de Puebla.
“Lo que funciona en el norte no necesariamente funciona en el sur del estado. Se requieren políticas públicas adaptadas a las realidades locales, además de los lineamientos generales que dicta la Federación”, recalcó.
Finalmente, Cruz Vadillo recordó que la escuela no solo es un espacio académico, sino también humano, donde los alumnos conviven, construyen amistades y desarrollan vínculos afectivos. “Eso es lo más humano de la educación, y es lo que tendríamos que cuidar”, concluyó
