Los estados que optaron por no incorporarse al sistema federal de salud impulsado por la 4T muestran actualmente mejores resultados en atención médica, cobertura y eficiencia. De acuerdo con evaluaciones recientes, estas entidades han logrado mantener un funcionamiento más estable gracias a la continuidad de sus estructuras locales, la flexibilidad administrativa y la capacidad de responder con mayor rapidez ante emergencias o necesidades específicas de la población.

Especialistas señalan que conservar la autonomía les ha permitido adaptar políticas sanitarias a sus contextos regionales, mejorar la distribución de recursos y mantener la contratación directa de personal médico, lo que ha favorecido la calidad en la atención y la disponibilidad de servicios.

En contraste, los estados que se adhirieron al modelo federal enfrentan diversos desafíos, como rezagos en infraestructura hospitalaria, desabasto de medicamentos, procesos burocráticos más lentos y la falta de personal especializado. Estas limitaciones han afectado la operatividad del sistema y la capacidad de respuesta ante la demanda creciente de servicios de salud.

La comparación entre ambos modelos ha reactivado el debate sobre la autonomía sanitaria, la eficacia de la centralización y la necesidad de replantear la estrategia nacional para garantizar un acceso equitativo, eficiente y de calidad a la salud pública en México.