
La joven Paulina Torres, la única sobreviviente del accidente ocurrido la madrugada del sábado en la Vía Atlixcáyotl, fue declarada con muerte cerebral luego de varios días de atención médica. El accidente provocó la muerte inmediata de dos personas y dejó su vehículo completamente destruido tras impactar contra un poste. Al ser trasladada al hospital, presentó un traumatismo craneoencefálico severo y diversas lesiones internas. A pesar de los esfuerzos médicos, su condición se declaró irreversible.
El choque ocurrió en el contexto de lo que se presume fue una carrera clandestina —conocida como “arrancones”—, una práctica que durante años ha sido objeto de denuncias por su peligrosidad. Este incidente reaviva la crítica hacia la falta de controles en zonas donde se repiten estas competencias de alto riesgo. La tragedia expone nuevamente los vacíos en vigilancia vial y la urgencia de acciones preventivas.
Familiares, amigos y comunidad educativa han expresado su consternación y dolor ante este suceso. Las autoridades locales investigan los hechos, recaban testimonios y analizan posibles responsabilidades. Por ahora, la comunidad pide justicia, reflexiona sobre los riesgos de las carreras ilegales y exige medidas para evitar que eventos como este se repitan.
El caso de Paulina Torres se suma a un historial lamentable de accidentes viales provocados por exceso de velocidad y prácticas clandestinas. Su estado irreversible y la pérdida de dos vidas recuerdan la importancia de reforzar normativas, vigilancia y campañas de concientización. Mientras tanto, Puebla enfrenta nuevamente la urgencia de priorizar la seguridad vial y proteger a quienes transitan sus carreteras.
