
El histórico parque del Centro de Puebla ha sido intervenido por tres administraciones municipales distintas, sin lograr una recuperación definitiva. Ahora, el Gobierno del Estado asume su renovación.
El emblemático Paseo Bravo, uno de los espacios públicos más icónicos del Centro Histórico de la capital poblana, se prepara para una nueva intervención este diciembre de 2025, que estará a cargo del Gobierno del Estado. Este anuncio se da en un contexto donde, en los últimos 15 años, se han invertido al menos 56.3 millones de pesos en tres rehabilitaciones anteriores por parte de distintos ayuntamientos, sin que los resultados hayan sido perdurables.
Según un recuento histórico, la primera intervención significativa data de 2010, durante la administración priista de la alcaldesa Blanca Alcalá Ruíz, con una inversión de 19.5 millones de pesos para el cambio de pisos y banquetas. Posteriormente, en 2018, el alcalde Luis Banck Serrato y el gobernador José Antonio Gali Fayad inauguraron obras por 20 millones de pesos, que incluyeron la colocación de una pérgola, bancas y el mantenimiento de fuentes. La más reciente, en la segunda administración de Eduardo Rivera Pérez, destinó 16.8 millones de pesos en 2023 para rehabilitar la Fuente de Ajedrez —convertida en danzante—, luminarias LED y vegetación.
A pesar de estas inversiones millonarias, el parque de 34,988 metros cuadrados presenta actualmente signos de deterioro. Se observan bancas y basureros dañados, fuentes sucias, y la presencia constante de vendedores ambulantes y personas en situación de calle. Si bien el quiosco y las áreas verdes son utilizados por jóvenes y familias, el espacio evidencia los desafíos del mantenimiento continuo y la apropiación social compleja.
La nueva etapa de obras, que según la licitación pública debería iniciar el 2 de diciembre y concluir el 31 del mismo mes, marca un cambio de responsabilidad. El Cabildo de Puebla aprobó ceder el espacio en comodato al Gobierno del Estado hasta 2030. Aunque en junio el gobernador Alejandro Armenta Mier anunció el proyecto “Paseo Talavera” —un corredor con placas de cerámica para honrar a personajes históricos—, los documentos de licitación no hacen referencia específica a esta iniciativa, por lo que el alcance preciso de los trabajos pendientes de confirmación.
La historia reciente del Paseo Bravo refleja un patrón cíclico de inversión pública en un espacio simbólico, cuyas intervenciones, a pesar de su envergadura económica, no han logrado consolidar una transformación sostenible. La próxima intervención estatal plantea la pregunta sobre si logrará romper este ciclo y ofrecer una solución integral al histórico parque.
