
La Universidad Complutense de Madrid ha inaugurado este jueves el Museo Complutense de la Psicología, un espacio único en el campus de Somosaguas que alberga un patrimonio científico de valor incalculable. El profesor Javier Bandrés, director del museo, guía un recorrido apasionante por más de un siglo de investigación, donde objetos aparentemente simples —como un cajón de madera— revelan fenómenos trascendentales del comportamiento humano.
El legado de Luis Simarro: el laboratorio que alumbró dos Nobel
El recorrido comienza con una sala dedicada al neurólogo Luis Simarro (1851-1921), una figura clave para la ciencia española. En 1887, su colega Santiago Ramón y Cajal visitó a Simarro en su vivienda —ubicada en lo que hoy es el restaurante madrileño Válgame Dios— y allí aprendió la técnica de tinción de tejidos nerviosos que revolucionaría la neurociencia. Meses después, Cajal demostró que el sistema nervioso está organizado en células individuales, las neuronas, lo que le valdría el Premio Nobel de Medicina en 1906 .
El museo custodia el denominado Legado Luis Simarro, que incluye el instrumental del que fue el primer laboratorio de psicología experimental de España, así como preparaciones histológicas originales, correspondencia científica y una notable pinacoteca con obras de Sorolla, Madrazo y Beruete, además de grabados de Durero y Goya . Simarro, que obtuvo la primera cátedra de Psicología Experimental de la Universidad Central en 1902, fue también mentor del poeta Juan Ramón Jiménez. El joven poeta, depresivo tras la muerte de su padre, vivió unos meses en casa del doctor Simarro, donde aprendió idiomas, conoció a Sorolla y leyó a Kant. En 1956, Jiménez ganó el Nobel de Literatura. Una vieja vitrina del laboratorio de Simarro es testigo mudo de esta historia .
Mercedes Rodrigo: la primera psicóloga española y su legado en América
El museo rinde homenaje a Mercedes Rodrigo (1891-1982), una figura pionera que merece un lugar destacado. Nacida en Madrid, fue la primera persona, hombre o mujer, en obtener un título de Psicología en España, en 1923, en el Instituto Rousseau de Suiza, donde fue discípula de Claparède y colaboró con Jean Piaget .
A su regreso a España, trabajó en el Instituto de Reeducación de Inválidos del Trabajo y en el Instituto Nacional de Psicotecnia. En 1934 emprendió una misión pionera: buscar niños superdotados en Madrid para que el Ayuntamiento costeara sus estudios. Cuando un periodista le preguntó si había muchos futuros talentos, respondió con una sonrisa: “El mayor número es de niñas. Según este resultado, quedan ustedes muy mal los hombres” .
La Guerra Civil truncó su carrera en España. Exiliada en Colombia en 1939, fundó la Sección de Psicotecnia de la Universidad Nacional y, en 1947, el Instituto de Psicología Aplicada, que daría origen a la primera facultad de psicología del país. Allí formó a los primeros once psicólogos graduados en Colombia en 1952. Nuevamente forzada al exilio por acusaciones políticas, continuó su labor en Puerto Rico hasta su fallecimiento. En 1971, la Federación Colombiana de Psicología le otorgó el Primer Premio Nacional de Psicología por su labor pionera .
La caja de Skinner: del laboratorio al bolsillo
Uno de los objetos más fascinantes del museo es la caja de Skinner. Concebida alrededor de 1930 por el psicólogo estadounidense Burrhus Frederic Skinner, consiste en un recinto con una palanca que, al ser presionada por un animal, libera una recompensa .
Skinner demostró que si la recompensa se administraba de manera constante, el animal aprendía a presionar la palanca regularmente. Pero si la recompensa llegaba de forma impredecible —cada cierto tiempo o tras un número variable de pulsaciones—, el animal desarrollaba una conducta compulsiva, presionando la palanca constantemente .
Bandrés lanza una advertencia que resuena en pleno siglo XXI: “Los teléfonos móviles son cajas de Skinner portátiles, que te proporcionan refuerzo continuo e inmediato. Siempre que accedes hay un premio: un vídeo, una noticia, un ‘me gusta’. Y con una característica brutal: el refuerzo es inmediato, sin demora, y eso, literalmente, te engancha sin remedio”.
El psicólogo aplicó estos hallazgos para explicar fenómenos como la adicción al juego: la misma lógica de recompensa intermitente que hace que una paloma picotee sin descanso es la que mantiene a un jugador frente a una máquina tragamonedas, esperando el premio que llegará “tarde o temprano” .
Instrumentos olvidados y advertencias del pasado
El museo alberga también instrumentos cuyo uso se ha perdido en la memoria: cronoscopios para medir tiempos de reacción, olfactómetros para analizar el sentido del olfato, y el taquistoscopio, un aparato que permite mostrar imágenes fugaces por debajo del umbral de percepción consciente. Este último fue protagonista de un célebre fraude en 1957, cuando un publicista aseguró haber aumentado el consumo de refrescos mediante mensajes subliminales en el cine, lo que después reconoció ser un invento .
Una advertencia final
Bandrés concluye el recorrido con una reflexión necesaria: “Este museo es un homenaje a la psicología como ciencia, no al coaching espiritual ni nada de eso. La psicología no te puede explicar cómo ser feliz, lo siento mucho”. El museo, ubicado en la Facultad de Psicología de la Complutense en el Campus de Somosaguas, solo se puede visitar con cita previa, un pequeño gesto que subraya su carácter de espacio dedicado al conocimiento riguroso y no al entretenimiento masivo.
