
En CDMX, Toluca y Monterrey, los arrancones han dejado atrás la clandestinidad para convertirse en actividades reguladas y autorizadas por las autoridades locales. Estos eventos ahora cuentan con horarios establecidos, espacios designados y supervisión oficial para garantizar un entorno más controlado. La intención es disminuir los riesgos que antes se presentaban en avenidas públicas, donde la práctica ilegal generaba accidentes y ponía en riesgo a conductores y peatones.
La regulación también contempla revisiones técnicas a los vehículos participantes, protocolos de seguridad para corredores y asistentes, así como la delimitación de zonas específicas para espectadores. Esto permite que la experiencia se desarrolle bajo un esquema de orden y responsabilidad, reduciendo la posibilidad de incidentes durante las competencias.
Organizadores y pilotos han visto con buenos ojos esta transición, pues consideran que la formalización ofrece condiciones más favorables para practicar su afición sin exponerse a sanciones o peligros innecesarios. Además, destacan que los eventos oficiales fomentan una convivencia más segura y atractiva para el público, impulsando incluso la actividad económica en torno a estos encuentros automovilísticos.
Con estas medidas, las autoridades buscan no solo disminuir accidentes, sino también ofrecer una alternativa recreativa que canalice la demanda por la velocidad hacia espacios preparados para ello, evitando que estas prácticas continúen realizándose en zonas urbanas no aptas para ese fin.
