El candidato presidencial Rafael Belaúnde Llosa fue víctima de un atentado mientras se desplazaba en su vehículo por una zona del sur de Perú. El ataque se produjo cuando su unidad fue interceptada y recibió impactos de arma de fuego. Como resultado, el automóvil sufrió daños considerables, aunque el político logró salir con vida, presentando únicamente lesiones menores provocadas por los cristales rotos.

Elementos de seguridad acudieron de inmediato al lugar para resguardar la zona e iniciar las investigaciones correspondientes. Las autoridades desplegaron un operativo de búsqueda para dar con los responsables del ataque. El hecho generó una respuesta inmediata por parte de distintas figuras políticas que condenaron lo ocurrido y expresaron su preocupación por el clima de violencia.

El atentado se registra en un contexto de creciente tensión política previo al proceso electoral. Diversos sectores han advertido sobre los riesgos que enfrenta la democracia cuando la violencia interfiere en la competencia por el poder. A partir de este hecho, se reforzaron los esquemas de seguridad de varios aspirantes a cargos de elección.

Organismos electorales y representantes de partidos hicieron un llamado a garantizar condiciones adecuadas para el desarrollo de las campañas. El ataque contra el candidato reavivó el debate sobre la protección a los actores políticos y la necesidad de asegurar que la contienda electoral transcurra en un entorno de civilidad y estabilidad institucional.