
El Día de Muertos es una de las tradiciones más emblemáticas de México. Pero más allá de su profundo significado cultural y espiritual, esta celebración de finales de octubre y principios de noviembre es un poderoso motor económico que reactiva sectores enteros.
En un contexto de crecimiento económico moderado, el ritual de honrar a los difuntos se convierte en una inyección financiera vital para miles de familias mexicanas.
Este año, la combinación de un fin de semana largo y el auge del turismo cultural ha catapultado las proyecciones económicas a niveles históricos. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur) estimó una derrama económica total de hasta $49,500 millones de pesos por las festividades. Esta cifra, que beneficia directamente al comercio y los servicios, representa un robusto crecimiento de cerca del 9.2% respecto al año anterior.
La base de esta bonanza es, literalmente, el altar. El gasto total de los hogares en altares y ofrendas (flores, velas, comida y dulces) superó los $3,000 millones de pesos a nivel nacional. Se estima que el gasto promedio por familia para la ofrenda y las visitas a panteones se ubicó en un rango de $500 a $3,000 pesos, impulsando mercados y tianguis.
El turismo, impulsado por el reconocimiento mundial de la festividad, fue uno de los grandes ganadores. La Secretaría de Turismo (Sectur) registró una derrama por concepto de hospedaje de $3,751 millones de pesos, previendo la llegada de más de 1.6 millones de turistas a hoteles en todo el país durante los días clave.
La Ciudad de México se llevó la mayor porción del pastel comercial: la Canaco CDMX estimó una derrama específica de $11,446 millones de pesos solo en la capital, destacando que más de 100 giros comerciales (florerías, panaderías, restaurantes) se vieron beneficiados. La ocupación hotelera en zonas cercanas a los grandes eventos, como la Mega Procesión de Catrinas y el Gran Desfile de Día de Muertos (que atrajo a más de un millón de personas), alcanzó tasas de entre el 69% y el 73%.
En el interior, estados como Michoacán, con su icónica Noche de Muertos en Pátzcuaro y Janitzio, esperaron recibir a 420,000 visitantes, lo que se traduce en cerca de $500 millones de pesos en derrama turística regional.
La celebración se ha consolidado como una temporada estratégica para el retail y las marcas globales. Firmas como Barbie (Mattel), Lego y marcas de calzado lanzaron colecciones temáticas que inyectan capital al asociarse a la identidad cultural mexicana.
No obstante, esta bonanza tiene su costo: el aumento de la demanda concentrada en pocos días genera presión inflacionaria. El precio del cempasúchil y otros artículos de temporada puede registrar incrementos de hasta el 50% en las últimas horas antes del 2 de noviembre, afectando el presupuesto de las familias de bajos ingresos.
El país demuestra que su cultura es un activo económico de primer orden, capaz de generar una derrama masiva que sostiene a miles de pequeñas empresas y comercios. El reto para el Estado y los empresarios es doble: garantizar que la tradición se mantenga auténtica mientras se trabaja en la formalización y la logística para asegurar que esta lluvia de millones se reparta de manera más equitativa y eficiente.
