En el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney se pronunció de manera clara y firme en defensa de la soberanía de Dinamarca y Groenlandia, rechazando el uso de la presión económica y advirtiendo sobre una “ruptura” en el orden internacional que obliga a Ottawa a “recalibrar” sus relaciones.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció un discurso contundente en la sesión plenaria del Foro Económico Mundial de Davos, convirtiendo a su país en una voz clave de la defensa del orden internacional basado en normas. Ante una audiencia global de líderes políticos y económicos, Carney afirmó el “firme apoyo” de Canadá a Dinamarca y al pueblo groenlandés, en un claro mensaje contra las recientes amenazas y la presión económica ejercida por Estados Unidos sobre la disputada región ártica.

“Canadá apoya firmemente a Groenlandia y Dinamarca, y apoya plenamente su derecho exclusivo a decidir el futuro de Groenlandia”, declaró Carney. Su intervención se produjo en medio de la crisis diplomática desatada por las reiteradas intenciones del presidente estadounidense, Donald Trump, de anexionar Groenlandia y de imponer aranceles punitivos a países europeos aliados, incluyendo a Dinamarca. Carney fue categórico al respecto: su país “se opone de forma rotunda a los aranceles sobre Groenlandia”.

Un llamado a la OTAN y a la diplomacia en el Ártico

En su discurso, el mandatario canadiense realizó una doble señal: de lealtad a la alianza atlántica y de rechazo a las tácticas de confrontación. Subrayó que el compromiso de Canadá con “el artículo 5 de la OTAN es inquebrantable”, haciendo referencia al principio de defensa colectiva. Al mismo tiempo, apeló a la vía del diálogo y la cooperación como la salida a la crisis actual.

Para Carney, la solución debe encontrarse en “conversaciones enfocadas en alcanzar los objetivos comunes de seguridad y prosperidad en el Ártico”. Esta postura busca reposicionar el debate desde la tensión bilateral hacia un marco multilateral de estabilidad regional, donde Canadá, como nación ártica, tiene intereses estratégicos directos.

“Una ruptura, no una transición”: La nueva realidad global de las potencias medias

Más allá del conflicto específico por Groenlandia, Carney utilizó su plataforma en Davos para hacer un análisis más amplio y pesimista del momento geopolítico actual. Aseguró que el mundo no vive una simple “transición”, sino una “ruptura”, un cambio estructural donde las grandes potencias utilizan cada vez más la “integración económica como un arma” para conseguir sus objetivos. “No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de la subordinación”, advirtió.

En este nuevo escenario de competencia entre grandes potencias, Carney presentó a Canadá como un ejemplo de “potencia media” que debe adaptarse y tomar una postura proactiva. Aunque reconoció que su país “se había beneficiado de una era de hegemonía estadounidense”, afirmó que la nueva realidad requiere “recalibrar las relaciones” y dejar de depender de un solo centro de poder.

La estrategia canadiense: Unión de potencias medias frente a la ley del más fuerte

La respuesta propuesta por el primer ministro es clara: fortalecer las coaliciones entre naciones con visiones afines. Instó a las potencias medias a “trabajar juntas para defender un orden internacional basado en normas”, utilizando una frase que se viralizó durante su discurso: “Las potencias medias debemos actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.

Esta declaración subraya la percepción de vulnerabilidad y la determinación de Ottawa de no ser un mero espectador o víctima en el nuevo juego geopolítico. Carney consideró que Canadá fue uno de los primeros países en “escuchar el llamado de atención” sobre este cambio sistémico y que ahora está tomando medidas para asegurar su soberanía y sus intereses en un mundo más fragmentado y competitivo.

El discurso de Carney en Davos coloca a Canadá en una posición diplomática definida. Lejos de alinearse automáticamente con su vecino y socio tradicional, Estados Unidos, Ottawa ha optado por respaldar sin ambigüedades a sus aliados europeos, defender el orden basado en reglas y buscar nuevas alianzas para navegar lo que percibe como una peligrosa era de ruptura en la que la coerción económica y territorial amenaza la estabilidad global.