La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la subsiguiente captura del presidente Nicolás Maduro continúan generando reacciones a nivel mundial, que van desde declaraciones oficiales de gobiernos hasta movilizaciones ciudadanas en diferentes países.

Uno de los pronunciamientos más enérgicos provino de Corea del Norte. El domingo 4 de enero, el Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano emitió un comunicado oficial, difundido por la agencia estatal KCNA, en el que calificó la operación como la “más grave violación de la soberanía” y un “acto hegemónico” por parte de Estados Unidos. El régimen de Kim Jong-un describió el incidente como “otro ejemplo que confirma una vez más la naturaleza deshonesta y brutal de Estados Unidos”, responsabilizando a Washington por el deterioro del escenario geopolítico en la región.

Esta declaración norcoreana se produjo el mismo día en que el país realizó sus primeras pruebas de armas de 2026, con el lanzamiento de al menos dos misiles balísticos. Corea del Norte hizo además un llamado explícito a la comunidad internacional para que “eleve una voz de protesta y denuncia” ante lo que considera una violación habitual de la soberanía por parte de Estados Unidos.

Paralelamente, la ciudadanía en América Latina también se movilizó para expresar su postura. En Ciudad de México, un grupo de aproximadamente 150 personas, conformado por colectivos y organizaciones no gubernamentales, marchó del Ángel de la Independencia al Hemiciclo a Juárez. Los manifestantes expresaron su respaldo a la soberanía de Venezuela y exigieron la liberación de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. En las pancartas y consignas se leyó un rechazo al imperialismo estadounidense y una demanda por la paz.

Daniela González, integrante de la Plataforma Común por Palestina, declaró durante la marcha que la movilización era un acto de solidaridad, argumentando que la intervención “atenta contra la autodeterminación y la soberanía de todos los pueblos de América Latina y el Caribe”.

Es importante señalar que estas manifestaciones de apoyo al gobierno de Maduro no representan la totalidad de la opinión pública en la región. El mismo domingo, en la Ciudad de México, cientos de venezolanos residentes y simpatizantes se movilizaron en una marcha diferente, celebrando la captura de Maduro y exigiendo una transición política pacífica para su país.

La posición norcoreana se alinea con la de otros gobiernos que han criticado la acción estadounidense. China calificó la operación como una violación grave del derecho internacional que amenaza la paz regional, mientras que Rusia la describió como un “acto de agresión armada” profundamente preocupante.

Expertos en derecho internacional han cuestionado el sustento legal de la intervención. Analistas señalan que el derecho internacional generalmente prohíbe el uso de la fuerza, salvo en circunstancias excepcionales como la legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, requisitos que no parecen cumplirse en este caso. Algunos especialistas han llegado a calificar la acción como una “ocupación de facto” sin respaldo en el marco jurídico internacional.

La diversidad de reacciones, desde gobiernos autoritarios hasta colectivos ciudadanos y expertos independientes, subraya la profunda división y las complejas implicaciones geopolíticas que ha generado este evento sin precedentes en la historia reciente de América Latina.

Nota al final: La crítica al intervencionismo estadounidense en Venezuela, evidenciada tanto en la declaración norcoreana como en las protestas ciudadanas en México, no constituye necesariamente un respaldo a la figura de Nicolás Maduro o a su gestión. Representa, más bien, una defensa del principio de soberanía nacional y una preocupación por el precedente que establece el uso unilateral de la fuerza militar por parte de una potencia contra un Estado soberano, un tema que trasciende las simpatías o antipatías hacia un gobierno en particular.