El enviado especial del presidente de Estados Unidos, Steve Witkoff, anunció el miércoles 14 de enero de 2026 el lanzamiento oficial de la segunda fase del plan de paz para Gaza, dando así un paso crítico que busca pasar de un alto el fuego frágil a una transformación estructural del territorio devastado por la guerra.

Esta nueva etapa, central del plan de 20 puntos presentado por el presidente Donald Trump en septiembre de 2025, tiene tres pilares fundamentales: la creación de un gobierno de transición palestino compuesto por tecnócratas, la desmilitarización total de la Franja de Gaza —con el desarme de Hamas como eje— y el inicio de una reconstrucción a gran escala.

La estructura de la nueva administración para Gaza

El núcleo de la Fase Dos es el establecimiento del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), un órgano de transición compuesto por 15 miembros tecnócratas palestinos. Este comité, que no responde a facciones políticas, será responsable de la gestión diaria del enclave, incluyendo servicios esenciales como saneamiento, educación y servicios públicos.

Según las últimas informaciones, el comité será presidido por Ali Shaath, exviceministro de planificación de la Autoridad Palestina. Entre sus miembros se encuentran figuras como el empresario Ayed Abu Ramadan (Comercio y Economía), Aed Yaghi (Salud), y Hana Tarzi (Asuntos Sociales y de la Mujer). La formación de este grupo contó con el respaldo de las principales facciones palestinas, incluidos Hamas y la Yihad Islámica, así como de la Autoridad Palestina en Ramala.

Su labor estará supervisada por una “Junta de Paz” internacional, presidida por Trump, que ofrecerá orientación de alto nivel. El exenviado de la ONU para Oriente Medio, Nickolay Mladenov, ejercerá como Alto Representante de esta Junta en el terreno, actuando como enlace con el comité tecnócrata.

Desafíos y condicionantes críticos

A pesar del anuncio, la implementación de esta fase enfrenta obstáculos formidables. El más inmediato es la exigencia unánime de Israel y Estados Unidos para que Hamas entregue los restos del último rehén fallecido, Ran Gvili. Witkoff advirtió que el incumplimiento de esta obligación “tendrá graves consecuencias”. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha vinculado incluso la reapertura del crucial cruce de Rafah a la devolución de Gvili.

El éxito del plan depende, además, de la materialización de elementos aún no definidos. Por un lado, el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización para mantener el orden durante la desmilitarización, cuya composición y mandato siguen sin anunciarse. Por otro, la financiación de una reconstrucción cuyo coste la ONU estima en más de 50,000 millones de dólares, fondos que aún no se han asegurado.

El proceso de desarme de Hamas y otros grupos, un punto no abordado explícitamente en el comunicado de apoyo de las facciones palestinas, representa otro desafío crítico.

Contexto del plan y perspectivas

La Fase Dos se activa después de que la primera fase, vigente desde octubre de 2025, lograra un alto el fuego, permitiera la entrada de ayuda humanitaria y concluyera con la liberación de todos los rehenes vivos y los restos de 27 de los 28 fallecidos.

La comunidad internacional observa con cautela este avance. Egipto, Turquía y Catar, países mediadores clave, han sido reconocidos por su papel indispensable. Una reunión entre Witkoff y altos funcionarios de estas naciones está prevista para el viernes en Miami con el fin de revisar la implementación.

La situación humanitaria en Gaza sigue siendo desesperada, con más de 440 palestinos muertos, entre ellos al menos 100 niños, desde que entró en vigor el alto el fuego en octubre, según el Ministerio de Salud de Gaza. El éxito de la nueva administración tecnócrata dependerá de su capacidad para atender estas necesidades urgentes mientras navega por un paisaje político minado y emprende una reconstrucción de proporciones históricas.