Puebla es una tierra de contrastes. De un lado, la majestuosidad de sus volcanes; del otro, la elegancia de su arquitectura colonial. En sus calles, el pasado se encuentra con la energía de la industria automotriz y manufacturera, pilares de su economía. Pero para asegurar un futuro próspero, el estado necesita una estrategia que vaya más allá de lo tradicional. La respuesta podría estar no en la cadena de montaje, sino en la gran pantalla: la industria del cine tiene el potencial de convertirse en el nuevo motor económico de Puebla.
La producción cinematográfica es un negocio que, a menudo, se subestima. Sin embargo, un solo rodaje puede generar una derrama económica inmediata y significativa. Las cifras hablan por sí solas: se estima que una producción de cine gasta entre 25,000 y 250,000 dólares diarios durante su filmación. De este monto, un promedio del 30% se queda en la economía local, beneficiando a hoteles, restaurantes, empresas de transporte y servicios.
Más allá de la logística, la industria del cine es una máquina de creación de empleos. Un proyecto cinematográfico de mediana escala puede generar directamente más de 300 empleos, incluyendo técnicos, artistas, carpinteros, diseñadores y personal de seguridad. Es importante destacar que Puebla ya cuenta con la base de talento para este sector, con más de 10 instituciones de educación superior, incluyendo la Universidad Iberoamericana y otras universidades privadas, que ofrecen programas en artes audiovisuales y comunicación. Estos son empleos especializados y bien pagados que, al igual que los ingenieros automotrices, pueden impulsar una fuerza laboral altamente calificada en el estado.
El verdadero poder del cine reside en su capacidad para actuar como una herramienta de promoción turística. Cuando una película o una serie exitosa se filma en un lugar específico, el mundo lo descubre. Es un fenómeno conocido como “turismo de filmación”, donde los fans viajan a ver los escenarios de sus historias favoritas. Estudios han demostrado que una región que aparece en una producción exitosa puede experimentar un aumento de hasta el 50% en el turismo.
Puebla tiene un potencial inmenso en este aspecto. Sus haciendas, sus pueblos mágicos y su paisaje diverso que va del desierto al bosque, la hacen un set natural inigualable. El estado ya tiene una filmografía que lo demuestra, la película “Enamorada” de 1946 se grabó principalmente en San Pedro Cholula, específicamente en el Templo de San Francisco Acatepec y sus alrededores. Este templo, una joya arquitectónica del barroco mexicano, sirvió como escenario para varias escenas icónicas del filme, protagonizado por María Félix y Pedro Armendáriz.
Con fechas más cercanas, tenemos producciones como “Arráncame la vida” (2008) que se filmó en el centro histórico, o la película “Cristiada” (2012) que usó locaciones en el pueblo de Chignahuapan. Recientemente, series internacionales y comerciales han aprovechado la riqueza de sus paisajes. A nivel nacional, la industria creativa, de la cual el cine es una parte vital, contribuye con el 3.2% del Producto Interno Bruto (PIB) de México, lo que representa casi 280,000 millones de pesos anuales.
En conclusión, la industria cinematográfica es mucho más que entretenimiento. Es una estrategia inteligente de crecimiento económico que puede diversificar la economía de Puebla, generar empleos de alto valor, y posicionar al estado en el mapa global. La ciudad de los volcanes y la arquitectura colonial está lista para un nuevo papel, uno que la convierta en una estrella por derecho propio.