
Más de 370 científicos y expertos en seguridad y privacidad de 30 países advierten que los sistemas actuales para comprobar la edad en línea no solo son ineficaces, sino que pueden generar graves riesgos para la privacidad y la seguridad de todos los usuarios, en momentos en que diversos gobiernos impulsan leyes para restringir el acceso de menores a plataformas digitales.
La intención de proteger a los niños y adolescentes de los peligros de internet es un objetivo legítimo y compartido por gobiernos, familias y especialistas. Sin embargo, el camino elegido por países como Australia, España, Francia y Alemania —prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años mediante sistemas de verificación de edad— ha encendido las alarmas en la comunidad científica internacional .
Un grupo de 371 científicos especializados en seguridad y privacidad, procedentes de 30 países y liderados por figuras como el premio Turing Ron Rivest, ha firmado una carta abierta en la que solicitan una moratoria en la implementación masiva de estas tecnologías hasta que exista un consenso científico sobre su eficacia y sus impactos en la privacidad, la igualdad y las libertades fundamentales .
La complejidad técnica de verificar la edad en el entorno digital
En el mundo físico, la limitación por edad funciona de manera relativamente sencilla: mostrar un documento de identidad en la entrada de una discoteca o al comprar alcohol permite verificar la edad sin que el establecimiento almacene los datos del cliente. En el entorno digital, esta misma operación se vuelve extraordinariamente compleja .
“En realidad, verificar la edad en internet no es complicado. Se puede hacer con determinados sistemas diseñados con esa finalidad. Lo que es complicado es hacerlo sin injerencias en el derecho a la privacidad”, señalan desde la Comisión de Menores de la APEP·IA, la Asociación Profesional Española de Privacidad e Inteligencia Artificial .
Los principales métodos propuestos para la verificación de edad en línea presentan desafíos significativos:
Documentos oficiales y biometría
La solicitud de documentos oficiales como el DNI o pasaporte, combinada con sistemas biométricos como selfies para confirmar la identidad, plantea múltiples problemas:
- Recolección excesiva de datos: Enviar una copia completa del DNI implica compartir información personal innecesaria. Como explica Sergio Carrasco, abogado especializado en derecho tecnológico: “Al final el proveedor simplemente tiene que poder ver la edad y nada más. Lo que no puede ser es que envíes una copia completa del DNI. Además, si después hubiera un ataque y esos datos se filtraran, ¿qué pasaría? Al final se crea un riesgo muy grande” .
- Datos biométricos sensibles: La captura de imágenes faciales implica el tratamiento de datos considerados especialmente sensibles por la normativa europea. Estos sistemas requieren almacenar las imágenes, a menudo para mejorar los algoritmos, y pueden implicar intervención humana en verificaciones dudosas .
- Sesgos algorítmicos: Los sistemas de reconocimiento facial tienen mayor tasa de error en ciertos grupos étnicos, lo que puede discriminar o bloquear injustamente a personas de comunidades específicas. Las investigaciones han demostrado que estos algoritmos son menos precisos para personas de origen negro, asiático, indígena y del sudeste asiático .
- Falsificación posible: Incluso la combinación de documentos oficiales y biometría puede ser burlada mediante herramientas como “Nano Banana” de Google, que permite modificar la fecha de nacimiento en una imagen del DNI, o mediante el uso de fotografías de baja calidad que los sistemas aceptan con cierta tolerancia .
Estimación basada en comportamiento
Otro método propuesto es la inferencia de edad a través del análisis del comportamiento del usuario en línea: con quién interactúa, a qué horas se conecta, qué contenidos consume. Sin embargo, este enfoque presenta riesgos de falsos positivos y falsos negativos, además de carecer de estándares metodológicos claros que garanticen su fiabilidad .
Los riesgos identificados por la comunidad científica
La carta abierta firmada por los 371 expertos identifica cuatro grandes áreas de preocupación :
1. Dudas sobre la implementación eficaz
Nadie ha logrado implantar a escala global un sistema de verificación de edad sin efectos secundarios graves. Los intentos realizados hasta ahora han fracasado o han sido aplazados. Un caso emblemático es el de Discord, la popular aplicación de mensajería vinculada a videojuegos, que lanzó su verificación de edad en febrero de 2026 y antes de fin de mes ya había cancelado sus planes ante la negativa de los usuarios .
2. Falta de información sobre los daños a la privacidad
Los sistemas de verificación de edad implican que todos los usuarios, independientemente de su edad, tendrían que demostrar su edad para hablar con amigos y familiares, leer noticias o buscar información. “Algo que va muchísimo más allá de lo que jamás ha pasado en nuestra vida fuera de internet”, advierte el manifiesto .
Además, la acumulación de datos sensibles aumenta el riesgo de filtraciones y brechas de seguridad. Una vez que los datos biométricos son robados, no pueden ser reemplazados como una contraseña, lo que genera vulnerabilidades permanentes .
3. Ausencia de debate sobre tecnologías respetuosas con la privacidad
Aunque existen aproximaciones técnicas como las pruebas de conocimiento cero que permitirían verificar atributos sin revelar información adicional, estas tecnologías aún no han sido suficientemente exploradas ni debatidas en el contexto de las propuestas regulatorias actuales .
4. Despliegue no justificado
Los expertos sostienen que no hay evidencia científica sólida que demuestre que prohibir el acceso de menores a determinados servicios mejore su salud mental o desarrollo. José César Perales, catedrático del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, afirma que “la calidad de la evidencia sobre el impacto del uso de redes sociales en la salud mental es relativamente baja” .
Consecuencias no deseadas y exclusión digital
Los sistemas de verificación de edad pueden tener efectos colaterales graves que afectan desproporcionadamente a ciertos grupos poblacionales:
Exclusión de personas sin identificación oficial
Aproximadamente 15 millones de adultos estadounidenses no tienen carné de conducir y 2,6 millones carecen de cualquier tipo de identificación con fotografía emitida por el gobierno. Las personas con bajos ingresos, los inmigrantes indocumentados y las personas con discapacidad tienen menos probabilidades de poseer documentos de identidad vigentes .
Migración a espacios más peligrosos
Los usuarios que resulten bloqueados por estos sistemas tenderán a desplazarse a plataformas menos reguladas, potencialmente más inseguras, donde no existan controles de acceso. Esto no solo no resuelve el problema, sino que puede exponer a los jóvenes a entornos digitales con menor supervisión y mayores riesgos .
Afectación a colectivos vulnerables
- Personas con discapacidad: Los sistemas de reconocimiento facial suelen fallar al reconocer rostros con diferencias físicas, afectando a unos 100 millones de personas en todo el mundo que viven con diferencias faciales .
- Personas transgénero y no binarias: Para el 43% de los estadounidenses transgénero que carecen de documentos que reflejen correctamente su nombre o género, la verificación de edad crea una eleción imposible: revelar su identidad o perder el acceso a las plataformas .
- Jóvenes LGBTQ+: Aquellos que carecen de apoyo familiar perderían el acceso a redes de apoyo cruciales si los sistemas requieren consentimiento parental .
- Jóvenes en sistemas de acogida: Quedan excluidos de facto cuando se requiere el consentimiento de padres o tutores legales que no existen o no pueden acreditarlo .
Eludir los sistemas: una realidad técnica
Los expertos coinciden en que los sistemas de verificación de edad pueden sortearse con relativa facilidad mediante:
- Redes privadas virtuales (VPN): Permiten ocultar la dirección IP y conectarse como si se accediera desde otro país donde no se apliquen las restricciones. “Y ahora una VPN se instala con dos clics, los menores se la instalan muy fácilmente”, advierte Carrasco .
- Cuentas prestadas o compradas: Los jóvenes pueden utilizar cuentas de hermanos mayores o adquirir credenciales en mercados informales .
- Herramientas de inteligencia artificial: Los deepfakes y otras tecnologías de IA permiten crear imágenes y vídeos falsos que pueden engañar a los sistemas de verificación biométrica .
- Complicidad o desatención parental: Muchos padres pueden proporcionar sus propios documentos o permitir que sus hijos utilicen sus cuentas .
Carmela Troncoso, una de las impulsoras de la carta abierta y profesora en la Escuela Politécnica de Lausana, lo explica claramente: “En el mundo digital no existen las mismas restricciones que en el físico. Cuando no puedo entrar en un casino en España sin DNI, la razón por la que no puedo entrar a otro casino en otro país que no tiene las mismas medidas es porque no puedo teletransportarme. En el mundo digital esas restricciones no existen. Es trivial teletransportarse o usar un deepfake” .
La experiencia australiana: primeros resultados
Australia se convirtió en diciembre de 2025 en el primer país en implementar una prohibición generalizada de redes sociales para menores de 16 años, afectando a plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y X .
La comisionada de Seguridad Electrónica de Australia, Julie Inman Grant, informó que las empresas eliminaron el acceso a aproximadamente 4,7 millones de cuentas identificadas como pertenecientes a menores de 16 años en la primera mitad de diciembre .
Sin embargo, Tama Leaver, profesor de estudios de internet en la Universidad Curtin de Perth, matiza estos datos: “No tenemos un desglose de ese número ni sabemos cuántas cuentas nuevas —posiblemente de adolescentes que fingieron ser mayores— se crearon en el mismo período”. De forma anecdótica, “muchos jóvenes de entre 13 y 15 años parecen haber eludido la prohibición, mientras que otros fueron expulsados de algunas plataformas y no de otras” .
Susan Sawyer, del Instituto Murdoch de Investigación Infantil, el mayor centro de investigación en salud infantil de Australia, expresa su sorpresa ante la rapidez con que otros gobiernos están siguiendo el ejemplo australiano: “Esperaba que hubiera mucha más cautela y que se aguardaran los resultados de la prohibición australiana antes de que los gobiernos se lanzaran tan rápido. No sabemos cuáles serán los efectos y necesitamos evaluarlos con cuidado” .
La alternativa europea: identidad digital y privacidad por diseño
La Unión Europea está desarrollando un enfoque diferente a través del reglamento eIDAS 2, que introduce la Cartera de Identidad Digital Europea (EUDI Wallet). Este sistema permitiría a los usuarios almacenar documentos personales de identificación y compartir únicamente la información necesaria para cada transacción .
“Una de las principales ventajas de este sistema es que permite acreditar solo lo imprescindible”, destacan desde la APEP·IA. “Puedes demostrar que eres mayor de edad sin tener que revelar tu fecha de nacimiento completa, tu número de DNI o tu domicilio” .
El 14 de julio de 2025, la Comisión Europea publicó un “Plan para una solución de verificación de la edad” (Blueprint for an Age Verification Solution) que permite a los usuarios demostrar que son mayores de 18 años sin compartir ninguna otra información personal. La solución está diseñada para ser interoperable con las futuras carteras de identidad digital y respeta el principio de minimización de datos .
Sin embargo, los expertos señalan que esta infraestructura aún no se ha desplegado y enfrenta desafíos significativos: “La infraestructura aún no se ha desplegado, el sistema de revocación todavía no está resuelto y la interoperabilidad más allá de la Unión Europea ni siquiera se ha abordado”, advierten los firmantes de la carta abierta .
Alternativas a la prohibición
Ante las dificultades técnicas y los riesgos para la privacidad que plantea la verificación de edad, los expertos proponen enfoques alternativos:
Regular los algoritmos, no el acceso
Carmela Troncoso sugiere que, en lugar de centrarse en bloquear el acceso, los gobiernos deberían “regular los algoritmos tóxicos” que pueden causar daño a los jóvenes, manteniendo al mismo tiempo los beneficios del mundo digital .
Reforzar las herramientas parentales
El psicólogo infanto-juvenil Abel Domínguez aboga por un enfoque educativo: “Creo que los padres tenemos la obligación y también la oportunidad de formarnos, de hacernos expertos en seguridad de móviles, de pantallas, de redes sociales”. Esto permitiría “reforzar la comunicación con los hijos y, a través del ejemplo, pueden fomentar un uso saludable de las redes sociales” .
Medidas dirigidas a las causas estructurales del daño
Los investigadores proponen estudiar alternativas “menos invasivas” como la regulación de las prácticas algorítmicas en redes sociales y medidas dirigidas a las causas estructurales del daño, en lugar de controles de acceso generalizados .
Conclusión
El dilema entre proteger a los menores en el entorno digital y preservar la privacidad de todos los usuarios no tiene soluciones simples. La comunidad científica internacional ha lanzado una advertencia clara: implementar sistemas masivos de verificación de edad sin una evaluación rigurosa de sus consecuencias puede generar más daños que beneficios.
Stephan Dreyer, del Instituto Leibniz de Investigación en Medios de Hamburgo, resume la lección para Europa: “Australia ilustra la brecha entre el atractivo político de una prohibición contundente y las complejidades técnicas y de derechos que implica su implementación. Verificar la edad a gran escala exige una infraestructura de control integral o sistemas probabilísticos de perfilado, y ambos enfoques suponen profundas injerencias en los derechos de todos los usuarios” .
En última instancia, la protección de los menores en el entorno digital no puede lograrse sacrificando los derechos fundamentales de privacidad y acceso a la información de toda la población. El desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita crear espacios digitales seguros para niños y adolescentes sin convertir internet en un entorno de vigilancia generalizada que excluya a los más vulnerables y limite las libertades de todos.
