
Ojo. Si usted ha estado pagando la tarjeta de crédito o la hipoteca, sabe que las deudas pueden crecer rápido. Pues imagine esa misma sensación, pero a nivel de país. Eso es exactamente lo que está preocupando a los banqueros y a los expertos en dinero en México. Están con la ceja levantada porque la deuda del país está subiendo más de lo que quisieran, y esto nos afecta a todos.
El Gobierno dice que todo está bajo control y que van a “ordenar las cuentas” . Pero los números duros muestran algo que pone nerviosos a los que prestan dinero; La deuda total del Gobierno Federal ya alcanzó la cifra de 18.67 billones de pesos (sí, con ‘B’ de billón). Eso es un aumento de más del 11% en solo un año, un crecimiento muy rápido.
¿Qué significa esto? Que el Gobierno está pidiendo prestado muchísimo dinero para cubrir sus gastos (trenes, programas sociales, sueldos, etc.). Este año, necesitan pedir prestado cerca de 4.4 billones de pesos solo para seguir operando.
La preocupación no es solo el monto, sino la velocidad. Si la deuda crece muy rápido, las agencias que califican qué tan riesgoso es prestarle a México (como si fueran burós de crédito gigantes) podrían bajarle la nota al país. Si eso pasa, nos tocaría pagar intereses más caros por la deuda, como si nuestro país tuviera un mal historial crediticio.
El Gobierno prometió que el año que viene el déficit (el hoyo en las finanzas) será menor, pero los banqueros están en modo “ver para creer”. Si esa promesa no se cumple, el pago de los intereses de la deuda se comerá una parte del presupuesto que podría usarse en otras cosas importantes.
Cuando un país tiene deudas muy altas y las reglas cambian mucho (incertidumbre), los inversionistas (nacionales y extranjeros) se ponen nerviosos y deciden no arriesgar su capital. Es como si usted dudara en abrir un negocio si no está seguro de que el barrio es seguro.
Y eso es lo que estamos viendo, menos ganas de invertir. En los primeros meses de 2025, la Inversión Fija (el dinero que se usa para construir fábricas, comprar maquinaria o hacer proyectos grandes) se cayó un -6.8%. Si no hay inversión, no hay empleos de calidad ni crecimiento futuro.
La inversión que hace el propio Gobierno (en infraestructura, por ejemplo) se desplomó un -24.4%. Esto es un freno serio para la economía. Aunque México está atrayendo nuevas inversiones (por el famoso nearshoring), las empresas que ya tienen años operando aquí están siendo más cautelosas. La reinversión de utilidades (el dinero que las empresas ya instaladas deciden dejar aquí para crecer) bajó 9.7%. Esto es un mal augurio, porque son las que mejor conocen el terreno y si ellas dudan, algo no anda bien.
En resumen, los banqueros están en alerta máxima. Ven que el Gobierno está usando mucho crédito, y temen que eso sea como una aspiradora que se lleva el dinero que debería estar usándose para hacer crecer el país a través de la inversión.
¿Usted qué piensa? ¿Nos iremos a la cobranza de los impagables? ¿O seguimos esperando un milagro de Navidad?
