El supertifón Ragasa, considerado uno de los ciclones más intensos del año, tocó tierra en el norte de Filipinas con vientos sostenidos cercanos a 215 km/h y rachas que superaron los 265 km/h. Su paso dejó al menos tres personas muertas, decenas de heridos y más de 17,500 personas desplazadas por inundaciones, deslizamientos de tierra y daños en viviendas e infraestructura.

Las autoridades locales suspendieron clases, cerraron carreteras y habilitaron refugios temporales para atender a miles de habitantes que tuvieron que abandonar sus hogares. En varias provincias se registraron cortes de energía, caída de árboles y afectaciones en las comunicaciones, lo que dificultó las labores de rescate.

Tras atravesar Filipinas, Ragasa mantiene su rumbo hacia el sur de China, con posible impacto en regiones como Hong Kong, Guangdong y Shenzhen. Ante su llegada, gobiernos locales han activado alertas máximas, ordenado evacuaciones preventivas y cancelado cientos de vuelos. Se prevén lluvias torrenciales, marejadas ciclónicas y ráfagas de viento que podrían intensificar los daños en zonas costeras.

El supertifón, catalogado como una de las tormentas más poderosas de 2025, ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de comunidades expuestas a fenómenos meteorológicos extremos. Expertos señalan que aún no se ha cuantificado la totalidad de los daños en Filipinas y que será necesario un esfuerzo regional de coordinación para mitigar las consecuencias en los países en la ruta de Ragasa.