El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha afirmado que la creciente presión de Estados Unidos contra su país tiene un objetivo principal: apoderarse de las vastas reservas petroleras de la nación sudamericana. Esta acusación surge en un contexto de acciones recientes, como la incautación por parte del ejército estadounidense de un petrolero que presuntamente transportaba crudo venezolano violando las sanciones, y una serie de operaciones militares contra embarcaciones a las que Washington identifica como vinculadas al narcotráfico.

Con aproximadamente 303.000 millones de barriles en reservas probadas, Venezuela posee las mayores existencias de petróleo del mundo. Sin embargo, su producción actual ha colapsado, ubicándose en alrededor de 860,000 barriles por día en noviembre, según la Agencia Internacional de la Energía. Esto representa menos del 1% del consumo global y es solo un tercio de los niveles de hace una década. El declive se atribuye a factores internos —como el control estatal sobre PDVSA y la fuga de personal calificado— y a las sanciones internacionales, que han limitado severamente la inversión y el acceso a repuestos.

Desde Washington, la retórica oficial ha priorizado otros temas. El presidente Donald Trump ha pedido la salida de Maduro, acusándolo de facilitar el envío de narcóticos hacia Estados Unidos. Al ser consultada sobre si el foco de la campaña en la región son las drogas o el petróleo, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que la administración se centra en “muchas cosas”, señalando como prioridad detener el flujo de drogas ilegales.

No obstante, dentro del debate político estadounidense existen voces, como la de la congresista republicana María Elvira Salazar, que promueven abiertamente una intervención que permita a empresas como Chevron “reparar oleoductos y plataformas” para reactivar la industria. Analistas como Clayton Siegle, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, sostienen que, si bien el interés por el petróleo puede ser un factor subyacente para algunos sectores, las acciones y declaraciones oficiales de la administración Trump se han centrado consistentemente en el narcotráfico y la legitimidad del gobierno venezolano.

La pregunta sobre si el petróleo es el objetivo principal queda, por tanto, sin una respuesta unívoca, situándose en la intersección entre las denuncias del gobierno de Maduro, los intereses económicos de algunos grupos en EE.UU. y la agenda de seguridad que Washington esgrime públicamente.