
El Parlamento griego aprobó este mes una reforma laboral que autoriza jornadas de trabajo de hasta 13 horas diarias en el sector privado, posicionándose como el primer país de la Unión Europea en adoptar una medida de esta naturaleza. Esta decisión, impulsada por el gobierno conservador del primer ministro Kyriakos Mitsotakis, ha generado una intensa polémica internacional y ha reavivado el debate sobre la extensión de la jornada laboral en otros países, incluida Argentina, donde el gobierno analiza su propia reforma.
La normativa, bautizada como “Trabajo Justo para Todos“, permite que un empleador solicite a un trabajador extender su día laboral hasta 13 horas, con un límite máximo de 48 horas semanales y 150 horas extras anuales establecido por la UE. Según el gobierno griego, esta extensión solo podrá aplicarse en un máximo de 37 días al año y será de carácter estrictamente voluntario para el empleado.
Argumentos a favor: modernización y flexibilidad
El Ejecutivo heleno defiende la reforma como una herramienta necesaria para modernizar el mercado laboral y responder a la escasez estacional de mano de obra en sectores clave como el turismo, la hostelería y la agricultura. La ministra de Trabajo, Niki Kerameos, argumenta que la medida ofrece mayor flexibilidad, evitando que los trabajadores con bajos salarios tengan que buscar múltiples empleos y permitiéndoles aumentar sus ingresos con un solo contrato gracias a una bonificación del 40% por cada hora extra trabajada.
“Buscamos facilitar el desarrollo empresarial porque sin empresas no se crean puestos de trabajo”, declaró Kerameos durante el debate parlamentario, subrayando que la ley prohíbe explícitamente despedir o discriminar a cualquier trabajador que se niegue a aceptar la jornada extendida.
Críticas y movilizaciones: un “retroceso al siglo XIX”
La aprobación de la ley ha desatado una ola de críticas y protestas masivas. Sindicatos y partidos de la oposición la han calificado como una “ley monstruosa” y un “retroceso de 150 años” en los derechos laborales. En las semanas previas a la votación, Grecia fue escenario de dos huelgas generales que paralizaron el transporte y diversos servicios, convocadas por las principales centrales sindicales.
Los críticos esgrimen varios argumentos en contra:
- Falta de voluntariedad real: Sindicatos como la Confederación General del Trabajo (GSEE) sostienen que, en un contexto de alto desempleo y bajos salarios, los trabajadores carecen de poder de negociación real para rechazar las horas extra sin temor a represalias.
- Riesgos para la salud y productividad: Expertos advierten sobre el aumento del agotamiento, el estrés, los accidentes laborales y el deterioro del equilibrio entre la vida personal y profesional. El profesor de Relaciones Laborales Theodoros Koutroukis señala que las jornadas excesivas pueden llevar a una disminución de la productividad y la calidad del trabajo.
- Contracción global: La medida contrasta con la tendencia en otras economías europeas, como Alemania o Países Bajos, que avanzan hacia modelos de jornada reducida o semana de cuatro días para mejorar el bienestar y la eficiencia.
Grecia ya encabeza las estadísticas de la UE en horas trabajadas al año (1.886), pero se ubía entre los países con menor productividad y poder adquisitivo, una paradoja que los opositores a la reforma utilizan para cuestionar su efectividad.
Ecos en Argentina: debate y desmentidos
La polémica griega ha resonado con fuerza en Argentina, donde el gobierno del presidente Javier Milei impulsa su propia reforma laboral. Aunque circularon versiones sobre la posible extensión de la jornada a 12 horas, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, lo desmintió de manera categórica.
“Eso de que la reforma laboral pasa la jornada de ocho a trece horas no tiene nada que ver, es un disparate. Nunca se discutió eso”, afirmó Sturzenegger, explicando que el foco del proyecto argentino está en la formalización del empleo y la flexibilización de las negociaciones salariales por empresa, no en alterar la duración máxima legal de la jornada.
El proyecto argentino, según versiones preliminares, mantendría el límite de 8 horas diarias y 48 semanales, pero buscaría clarificar y ordenar excepciones ya existentes, como los trabajos por equipos rotativos o los cargos de dirección, además de regular mecanismos como el banco de horas.
La discusión en ambos países subraya una tensión global entre la búsqueda de flexibilidad para dinamizar las economías y la protección de derechos laborales históricos. Mientras Grecia implementa un cambio radical que genera alarma internacional, Argentina se encamina hacia un debate que, por ahora, descarta seguir ese mismo camino en lo que respecta a la extensión de la jornada.
