
Arqueólogos del INAH revelan el “Círculo Sagrado”, una ofrenda monumental que incluye 83 figurillas de estilo Mezcala y más de 4,000 restos marinos traídos desde el Atlántico y el Pacífico
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha revelado un descubrimiento que marca un hito en la arqueología mexicana: la ofrenda más grande y espectacular realizada por el huei tlatoani Motecuhzoma Ilhuicamina (también conocido como Moctezuma I) ha sido encontrada en el Templo Mayor de la Ciudad de México, en el corazón del Centro Histórico.
El hallazgo, resultado de décadas de excavaciones sistemáticas en la zona arqueológica, fue presentado este viernes por especialistas del Proyecto Templo Mayor, quienes calificaron el descubrimiento como “el cierre de un círculo” que los arqueólogos habían estado persiguiendo durante años.
El círculo sagrado se completa
Por primera vez en décadas, los arqueólogos localizaron los últimos cofres de piedra, conocidos como tepetlacalli, que completan una ofrenda simétrica alrededor de la gran pirámide. Este hallazgo, bautizado como el “Círculo Sagrado”, confirma la existencia de un complejo ritual de dimensiones monumentales que rodeaba el corazón ceremonial de los mexicas.
Los tepetlacalli son cajas de piedra tallada que los antiguos mexicas utilizaban para depositar ofrendas. En este caso, se encontraron dispuestos de manera simétrica alrededor del edificio principal, lo que indica una planificación cuidadosa y un profundo conocimiento astronómico y ritual por parte de los constructores.
El arqueólogo a cargo de la excavación explicó que la disposición de los cofres responde a una concepción cosmogónica del universo, donde cada punto cardinal tenía un significado específico y estaba asociado a diferentes deidades y elementos de la naturaleza.
Botines de guerra: las figurillas Mezcala
Entre los objetos recuperados en los tepetlacalli destacan 83 figurillas de estilo Mezcala, elaboradas en piedra verde y traídas desde la región que hoy conocemos como Guerrero. Estas piezas, de una factura exquisita y un estilo muy característico, eran consideradas botines de guerra y simbolizaban las conquistas militares de Motecuhzoma I.
Motecuhzoma Ilhuicamina, quien gobernó entre 1440 y 1469, fue uno de los tlatoanis más importantes en la historia mexica. Durante su mandato, el imperio experimentó una expansión territorial significativa hacia el sur, incorporando regiones del actual estado de Guerrero y estableciendo rutas comerciales y de tributo que consolidaron el poder de Tenochtitlan.
Las figurillas Mezcala encontradas en la ofrenda representan, por tanto, no solo objetos de valor artístico y ceremonial, sino testimonios directos de las campañas militares y las relaciones de poder en el México antiguo. Cada pieza es única y presenta características propias de la tradición escultórica de la región Mezcala, conocida por sus representaciones abstractas y geométricas de la figura humana.
Tesoros del océano: más de 4,000 restos marinos
Uno de los aspectos más sorprendentes del hallazgo es la presencia de más de 4,000 restos marinos, entre ellos caracoles, conchas, esponjas y corales provenientes tanto del océano Atlántico como del Pacífico. Los análisis preliminares realizados por especialistas en biología marina y arqueología indican que estos ejemplares fueron transportados vivos hasta la gran Tenochtitlan, lo que implica una logística impresionante para la época.
Particularmente llamativa es la presencia de caracoles del Atlántico, específicamente de la especie Strombus gigas, que habita en aguas del Caribe y el Golfo de México. Transportar estos organismos vivos a través de cientos de kilómetros, cruzando cadenas montañosas y regiones de clima adverso, requirió un conocimiento profundo de las rutas y técnicas de conservación que los antiguos mexicas dominaban.
Los especialistas del INAH señalaron que la presencia de estos materiales marinos en el Templo Mayor no es casual. El mar tenía una importancia fundamental en la cosmovisión mexica, asociado con el inframundo, la fertilidad y el origen de la vida. Ofrendar estos elementos a los dioses era una forma de mantener el equilibrio cósmico y asegurar la continuidad del mundo.
La importancia del hallazgo
Este descubrimiento no es solo relevante por la cantidad de objetos encontrados, sino por lo que representan en conjunto: una ofrenda masiva que buscaba legitimar el poder de Motecuhzoma I y agradecer a los dioses por las victorias militares obtenidas durante su gobierno.
La simetría de los cofres alrededor del templo sugiere un conocimiento astronómico y ritual muy avanzado, así como una planificación urbana y ceremonial de primer nivel. Los mexicas concebían su ciudad como un microcosmos que reflejaba el orden del universo, y el Templo Mayor era el centro de ese universo, el punto donde se encontraban el cielo, la tierra y el inframundo.
El hallazgo también confirma la existencia de redes de intercambio y tributo que abarcaban prácticamente todo el territorio mesoamericano. Los materiales encontrados provienen de regiones tan distantes como Guerrero y las costas del Golfo de México, lo que demuestra la capacidad del imperio mexica para movilizar recursos y personas a lo largo de vastos territorios.
Contexto histórico de Motecuhzoma I
Motecuhzoma Ilhuicamina, cuyo nombre significa “el que se muestra enojado, el que flecha al cielo”, fue el quinto huei tlatoani de México-Tenochtitlan. Durante su gobierno, el imperio mexica alcanzó un nivel de expansión y consolidación sin precedentes.
Entre sus logros más destacados se encuentran la conquista de importantes señoríos en el actual estado de Guerrero, incluyendo regiones como Chilapa, Tlapa y la Costa Grande. Estas conquistas no solo ampliaron el territorio bajo control mexica, sino que también aseguraron el acceso a recursos estratégicos como el algodón, el cacao y, como lo demuestra este hallazgo, las preciadas figurillas de estilo Mezcala.
Motecuhzoma I también es recordado por la construcción de importantes obras públicas en Tenochtitlan, incluyendo la ampliación del Templo Mayor y la construcción de un acueducto que llevaba agua potable desde Chapultepec hasta la ciudad.
Las excavaciones en el Templo Mayor
El Proyecto Templo Mayor, iniciado en 1978 tras el descubrimiento del monolito de la diosa Coyolxauhqui, ha sido uno de los esfuerzos arqueológicos más importantes y fructíferos de México. A lo largo de casi cinco décadas, los especialistas han ido desentrañando capa por capa la historia del principal centro ceremonial mexica.
Cada nuevo hallazgo ha permitido comprender mejor la complejidad de la sociedad mexica, sus prácticas religiosas, su organización política y sus relaciones con otros pueblos mesoamericanos. El descubrimiento de la ofrenda de Motecuhzoma I representa uno de los momentos culminantes de este proyecto, al tratarse de la ofrenda más grande y elaborada encontrada hasta la fecha.
Proceso de excavación y conservación
El proceso de excavación de los tepetlacalli requirió de técnicas meticulosas y pacientes. Cada cofre de piedra fue documentado in situ, registrando su posición exacta, orientación y asociación con otros elementos arquitectónicos. Posteriormente, los cofres fueron extraídos y trasladados a los laboratorios del INAH, donde especialistas en conservación y restauración trabajan en la limpieza y estabilización de los materiales.
Las figurillas Mezcala y los restos marinos están siendo analizados con técnicas de última generación, incluyendo microscopía electrónica, espectrometría de masas y análisis de isótopos, que permitirán determinar con mayor precisión su origen geológico y geográfico, así como las técnicas de manufactura empleadas.
Los especialistas del INAH continuarán con el análisis de los materiales en laboratorio durante los próximos meses, lo que podría arrojar más luz sobre las prácticas religiosas, la organización social y las redes de intercambio del imperio mexica. Este hallazgo promete reescribir páginas enteras de la historia prehispánica de México.
Significado para la arqueología mexicana
El descubrimiento de la ofrenda de Motecuhzoma I tiene un significado profundo para la arqueología mexicana. Por un lado, confirma la validez de las fuentes históricas del siglo XVI, como los códices y las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, que mencionaban la existencia de ofrendas monumentales en el Templo Mayor.
Por otro lado, el hallazgo demuestra que el subsuelo del Centro Histórico de la Ciudad de México aún guarda secretos por descubrir. A pesar de los siglos de ocupación colonial y moderna, los restos del México prehispánico siguen emergiendo para recordarnos la grandeza de las civilizaciones que nos precedieron.
El hallazgo también representa un motivo de orgullo para la arqueología mexicana, que ha sabido combinar técnicas tradicionales con tecnología de punta para lograr descubrimientos de relevancia mundial. Los especialistas del INAH han demostrado una vez más su capacidad para realizar investigaciones de alto nivel y para comunicar sus hallazgos al público de manera clara y accesible.
Perspectivas futuras
Con este hallazgo, el Proyecto Templo Mayor entra en una nueva fase. Los materiales recuperados serán estudiados en detalle durante los próximos años, y los resultados de estas investigaciones se darán a conocer en publicaciones especializadas y en exposiciones abiertas al público.
El INAH tiene previsto habilitar un espacio en el Museo del Templo Mayor para exhibir una selección de las piezas encontradas, permitiendo que el público pueda apreciar de cerca estos testimonios del pasado prehispánico. La exposición incluirá no solo las figurillas y los restos marinos, sino también los tepetlacalli y otros elementos asociados a la ofrenda.
El descubrimiento de la ofrenda de Motecuhzoma I nos recuerda que la historia de México es vasta y compleja, y que aún hay mucho por descubrir sobre las civilizaciones que habitaron este territorio antes de la llegada de los europeos. Cada hallazgo arqueológico es una pieza más en el enorme rompecabezas de nuestro pasado, y contribuye a construir una imagen más completa y matizada de quiénes fuimos y, por lo tanto, de quiénes somos.
