
Lograr el nivel óptimo de líquidos es el desafío principal para cualquier atleta, ya que tanto la escasez como el exceso pueden ser fatales para el rendimiento y la salud. La deshidratación, incluso en niveles leves del 2%, reduce drásticamente la resistencia, eleva la temperatura corporal y aumenta el riesgo de sufrir lesiones musculares graves. Sin embargo, los especialistas advierten sobre la hiponatremia, una condición peligrosa provocada por beber demasiada agua sin reponer electrolitos, lo que diluye el sodio en la sangre y puede causar desorientación, náuseas o incluso un colapso físico durante la actividad.
Para evitar estos riesgos, la clave reside en una hidratación personalizada que incluya la reposición estratégica de sales minerales. En sesiones que superan los 60 minutos, el agua sola no es suficiente, por lo que es vital consumir bebidas con sodio y potasio para mantener el equilibrio osmótico y prevenir calambres. Una técnica efectiva es pesarse antes y después del ejercicio para calcular la pérdida exacta de líquidos; de esta forma, el deportista puede recuperar lo perdido de manera controlada, garantizando una recuperación muscular más rápida y protegiendo su sistema cardiovascular frente al esfuerzo extremo
