• El Dr. Robert Smith, de la Universidad de Nueva York, presenta hallazgos tras 20 años de investigación: los jóvenes superan en logros académicos a otros grupos urbanos.
• Políticas educativas inclusivas y redes de apoyo explican este avance, aunque el estatus migratorio sigue siendo un obstáculo.

Contrario a los discursos que estigmatizan a los migrantes, los hijos de familias mexicanas en Nueva York están logrando una movilidad social sin precedentes, con tasas de graduación universitaria significativamente superiores a las de otras ciudades de Estados Unidos. Así lo reveló el Dr. Robert Smith, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU), durante su conferencia magistral en la Universidad Iberoamericana Puebla, en el marco del Encuentro por las Movilidades Dignas.

Resultados que desmienten prejuicios

De acuerdo con el investigador, quien ha dado seguimiento a decenas de familias durante dos décadas, el 42% de los hombres y el 49% de las mujeres hijos de migrantes mexicanos se gradúan de la universidad en Nueva York, una tasa tres veces y media mayor que en otras urbes estadounidenses. Este logro es aún más notable considerando que sus padres cursaron en promedio solo siete años de escolaridad.

“Políticamente ha sido rentable para algunos gobernantes mantener la narrativa de que los migrantes mexicanos son delincuentes. Pero no es así”, afirmó Smith, destacando que el 70% de los migrantes mexicanos en Nueva York son originarios de Puebla, muchos de la región mixteca.

Claves del éxito: políticas públicas y redes de apoyo

El investigador identificó como factores determinantes las políticas de inclusión educativa del estado de Nueva York, en particular el sistema CUNY (City University of New York), que ofrece educación superior accesible. Igualmente cruciales han resultado las redes informales de apoyo: mentores que guían a los jóvenes, intercambio de información entre comunidades y vínculos entre estudiantes migrantes y estadounidenses.

“Muchos de estos jóvenes han tenido mentores que les cambian la manera de pensar; les ayudan a imaginarse en la universidad, a visualizar un trabajo mejor. Eso abre puertas directas hacia la integración”, explicó Smith.

La sombra de la ilegalidad: un límite al progreso

Pese a estos avances, el estatus migratorio sigue siendo una barrera crítica. Smith ilustró este punto con el caso de una joven que, a pesar de cursar una maestría, no pudo realizar su pasantía por carecer de documentos. Solo al acogerse al programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) pudo completar su formación y acceder a un empleo formal, multiplicando sus ingresos.

“Legalizar a la gente promueve movilidad social real”, sostuvo el académico, alertando sobre un “problema de ilegalidad intergeneracional” que afecta a las familias que no se beneficiaron de la amnistía migratoria de 1986.

Investigación con impacto social tangible

El Dr. Smith defendió el papel de la academia como agente de cambio. Su trabajo ha sido fundamental en la defensa y permanencia de DACA ante la Corte Suprema de Estados Unidos en 2020, y sus investigaciones evidenciaron que el 69% de las personas deportadas de Nueva York no tenían antecedentes penales, y que sus hijos ciudadanos perdieron hasta el 70% de los ingresos familiares.

“Demostramos que las deportaciones no hacen más segura a la sociedad, sino que fomentan la pobreza y la separación familiar”, afirmó. Sus estudios también contribuyeron a la aprobación de la Ley de Luz Verde en 2019, que permite a indocumentados obtener licencias de conducir en Nueva York.

Un llamado a la academia con compromiso

El investigador concluyó subrayando la necesidad de una formación académica que combine el rigor investigativo con la incidencia pública. “Siempre hay formas de luchar”, afirmó. “Pero hay que entender las estructuras de poder y el contexto para hacerlo de manera efectiva”.

Durante su visita, Smith reconoció el trabajo del Instituto Poblano de Asistencia al Migrante (IPAM) y el papel de las universidades mexicanas en la defensa de los derechos humanos, reafirmando la importancia de construir puentes entre el conocimiento académico y la acción social.