Un análisis de los datos de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestra un repunte alarmante en el número de defunciones por enfermedades infecciosas y parasitarias en México, rompiendo con la tendencia de lenta disminución que se había observado en décadas anteriores. El año 2024 registró la cifra más alta en los últimos 27 años, con 23,610 fallecimientos atribuidos a estas causas, marcando un punto crítico en la salud pública del país.

Tendencia histórica y punto de inflexión

Según las Estadísticas Vitales del Inegi, entre 1998 y 2024 fallecieron 498,585 personas por enfermedades clasificadas en el capítulo I de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), que abarca “Ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias”. Tras un descenso gradual entre 1998 y 2017 —año en que se alcanzó el mínimo histórico de 15,955 casos—, la tendencia se revirtió abruptamente en 2018.

A partir de ese año, las cifras han presentado una tendencia general al alza:

  • 2018: 18,100 defunciones.
  • 2019: 19,941 defunciones.
  • 2020: 17,958 defunciones (año de la pandemia de COVID-19).
  • 2021: 18,767 defunciones.
  • 2022: 19,941 defunciones.
  • 2023: 21,242 defunciones.
  • 2024: 23,610 defunciones.

Aumento drástico en enfermedades bacterianas

Dentro de este grupo, la categoría denominada “Otras enfermedades bacterianas” —que incluye padecimientos como la lepra, el tétanos neonatal y obstétrico, la difteria, la tos ferina y diversas sepsis— exhibe una regresión particularmente preocupante. Las defunciones por estas causas promediaron 4,187 anuales entre 2011 y 2015, pero el promedio para el periodo 2021-2024 se disparó a 7,640 casos al año. En 2024 se registraron 9,017 muertes, la cifra más alta en 27 años.

Pobreza y marginación como factores determinantes

Expertos en salud pública señalan que el incremento de muertes por infecciones como la rickettsiosis (asociada a picaduras de artrópodos) y otras enfermedades prevenibles refleja problemas estructurales profundos. Estas defunciones son indicadores de pobreza, marginación territorial, falta de servicios básicos, vivienda inadecuada y deficiencias en el control de vectores y el acceso oportuno a la atención médica. La situación evidencia cómo fallas en los determinantes sociales de la salud convierten padecimientos tratables en causas de muerte, especialmente en las regiones más desfavorecidas del país.

Retos persistentes en el control del VIH

El panorama para la mortalidad por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) también muestra una trayectoria de estancamiento y retrocesos. Las oscilaciones en las cifras sugieren problemas persistentes como el diagnóstico tardío, interrupciones en la continuidad del tratamiento antirretroviral, barreras de acceso a los servicios de salud y el impacto del estigma y la discriminación. El repunte posterior a la pandemia de COVID-19 apunta además a los efectos acumulados de la desatención sanitaria durante ese periodo.

Conclusión

Los datos del Inegi constituyen una señal de alerta sobre un retroceso epidemiológico en México. El aumento sostenido de la mortalidad por enfermedades infecciosas —muchas de ellas prevenibles y tratables— pone en evidencia la necesidad de reforzar las políticas de salud pública, con un enfoque renovado en la atención primaria, la prevención, el combate a las desigualdades sociales y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia y respuesta epidemiológica.