
Una serie de manifestaciones antigubernamentales en Irán, desencadenadas por la crisis económica, ha derivado en una fuerte represión que ha dejado cientos de muertos según organizaciones de derechos humanos, y en un tenso enfrentamiento diplomático con Estados Unidos.
Las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre de 2025 en el Gran Bazar de Teherán, rápidamente se expandieron a todo el país y se transformaron en un desafío abierto contra la teocracia gobernante. La respuesta estatal ha sido un severo despliegue de fuerza, con informes de ejecuciones inminentes, lo que ha motivado severas advertencias del gobierno estadounidense.
Detonantes y escalada de las protestas
El descontento estalló inicialmente por razones económicas, incluyendo la fuerte caída del rial, una inflación que supera el 42% y una crónica mala gestión de servicios básicos. Lo que comenzó como cierres de comercios y huelgas pronto se convirtió en manifestaciones callejeras masivas donde se corearon consignas pidiendo la caída del sistema de la República Islámica y exigiendo derechos humanos y libertad.
Las autoridades iraníes describen las protestas como “disturbios” orquestados por “agitadores” vinculados a potencias extranjeras. El Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, declaró el 9 de enero que Irán “no cederá” y culpó a “alborotadores que rinden pleitesía al presidente de Estados Unidos, Donald Trump”.
La represión y las llamadas a la pena de muerte
Organizaciones internacionales documentan un uso generalizado e ilegítimo de la fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad, incluyendo la Guardia Revolucionaria Islámica y la policía (FARAJA). Entre las tácticas reportadas están disparos con rifles y escopetas de perdigones, cañones de agua, gas lacrimógeno y palizas contra manifestantes mayormente pacíficos.
Cifras de víctimas (segun diversas fuentes)
El ayatolá Ahmad Jatami, un clérigo de línea dura designado por Jamenei, utilizó su sermón del viernes en Teherán para pedir la pena de muerte para los manifestantes detenidos, calificándolos de “soldados de Trump” y “mayordomos” del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Su discurso generó cánticos entre los fieles pidiendo la ejecución de “hipócritas armados”.
Paralelamente, el jefe del poder judicial, Gholamhosein Mohseni Ejei, ordenó acelerar los juicios contra los detenidos y actuar sin “indulgencia”.
Apagón informativo y respuesta internacional
Desde el 8 de enero, Irán mantiene un extenso bloqueo del acceso a internet, que según la organización Netblocks superó las 132 horas consecutivas, dificultando la verificación independiente de los hechos y el contacto con el exterior.
La comunidad internacional ha reaccionado con contundencia. Francia calificó la represión como “la más violenta de la historia contemporánea de Irán”. La Unión Europea y la ONU también expresaron horror y condena, estudiando nuevas sanciones.
La amenaza de una intervención estadounidense
El presidente Donald Trump ha establecido como “líneas rojas” para una posible acción militar la ejecución de manifestantes y el asesinato de protestantes pacíficos. Trump advirtió que Estados Unidos actuará “de manera muy firme” si Irán inicia una campaña de ejecuciones, afirmando que “todas las opciones están sobre la mesa”.
Esta advertencia fue reiterada por el embajador de EE.UU. ante la ONU, Mike Waltz, ante el Consejo de Seguridad. Irán, a través de su ministro de Defensa, respondió que atacaría bases estadounidenses en la región si Estados Unidos lanza una ofensiva.
En medio de esta tensión, actores como Rusia han llamado a la desescalada. El presidente Vladímir Putin conversó con su homólogo iraní, Masud Pezeshkian, abogando por una solución política y diplomática.
Un desafío en un contexto de fragilidad
Analistas señalan que este ciclo de protestas ocurre en un momento de particular vulnerabilidad para la República Islámica. Factores como una crisis sucesoria por la avanzada edad del Líder Supremo Jamenei (86 años), el debilitamiento tras un reciente conflicto con Israel y una amenaza externa más creíble por parte de Estados Unidos, podrían hacer que la situación actual sea más compleja que episodios anteriores de malestar.
Mientras las calles de Irán parecen más calmadas tras la fuerte represión, la combinación de un profundo descontento interno, una respuesta estatal severa y el riesgo de una escalada internacional marca uno de los desafíos más serios para el régimen en años recientes.
