
La ciudad japonesa de Fukuoka se ha convertido en sede de un proyecto pionero a nivel mundial en la transición energética: la primera planta de energía osmótica de Japón y la segunda en operar comercialmente en el mundo. Esta tecnología, también conocida como energía azul, genera electricidad aprovechando únicamente la diferencia natural de salinidad entre el agua dulce y el agua salada.
La planta, cuya operación comercial comenzó a principios de agosto y es gestionada por la Agencia de Obras Hidráulicas de Fukuoka, está diseñada para funcionar las 24 horas del día, los 365 días del año. Esto la convierte en una fuente renovable no intermitente, cuya generación no depende de factores climáticos como el sol o el viento.
Cómo funciona: La ciencia detrás de la “electricidad infinita”
La energía osmótica se basa en el principio físico natural de la ósmosis. Cuando el agua dulce y el agua salada se encuentran separadas por una membrana semipermeable, el agua dulce tiende a fluir hacia el lado del agua salada para equilibrar las concentraciones. Este movimiento genera presión osmótica, la cual es canalizada para hacer girar una turbina conectada a un generador eléctrico.
La innovación de la planta de Fukuoka radica en su integración con otras infraestructuras urbanas. En lugar de usar agua de mar directamente, la planta emplea agua dulce proveniente de una planta de tratamiento de aguas residuales cercana y salmuera concentrada (agua extremadamente salada) que es un residuo de una planta desalinizadora vecina. Este enfoque no solo resuelve el problema de la disposición de la salmuera, sino que también aumenta la diferencia de salinidad, mejorando la eficiencia energética.
Esta simbiosis crea un circuito virtuoso de economía circular: la electricidad producida se utiliza para alimentar la misma planta desalinizadora, reduciendo su huella de carbono y cerrando el ciclo de manera sostenible.
Capacidad, ventajas y el camino por delante
La planta tiene una capacidad de generación neta estimada en 110 kilovatios, produciendo aproximadamente 880,000 kilovatios-hora (kWh) de electricidad al año. Esta energía es suficiente para abastecer el equivalente al consumo de unos 220 hogares japoneses y, principalmente, alimentar las operaciones de la planta desalinizadora adyacente.
La importancia de este proyecto piloto trasciende su escala actual. Sus principales ventajas son:
- Generación continua y estable: A diferencia de la solar o eólica, provee un suministro de electricidad constante y predecible.
- Emisiones nulas: El proceso no implica combustión, por lo que no genera dióxido de carbono u otros gases contaminantes durante la operación.
- Aprovechamiento de residuos: Utiliza efluentes de otras instalaciones (agua tratada y salmuera), transformando un pasivo ambiental en un activo energético.
- Potencial de replicación: Es especialmente viable en miles de zonas costeras densamente pobladas que cuenten con plantas desalinizadoras o desembocaduras de ríos.
Sin embargo, la tecnología aún enfrenta retos para una adopción masiva. Los costos iniciales son elevados y el rendimiento de las membranas semipermeables —componente clave del sistema— puede degradarse con el tiempo, afectando la eficiencia a largo plazo. No obstante, avances en materiales y diseño prometen mejorar la competitividad de esta energía en el futuro cercano.
Expertos en el campo han calificado la puesta en marcha de esta planta como un “logro importante”. “Es abrumador que hayamos podido poner esto en uso práctico. Espero que se extienda no solo en Japón, sino por todo el mundo”, expresó Akihiko Tanioka, profesor emérito del Instituto de Ciencia de Tokio.
Con prototipos y proyectos piloto en desarrollo en países como Noruega, Corea del Sur y España, la planta de Fukuoka marca un hito concreto en el camino hacia una matriz energética diversificada y descarbonizada, ofreciendo una solución prometedora para la generación de electricidad limpia y constante en regiones costeras de todo el planeta.
