El escritor húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 1954), galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2025, ofreció una entrevista en Barcelona donde abordó su visión sobre la situación política de su país, su relación con la lengua húngara, el significado de su obra literaria y la colaboración con el cineasta Béla Tarr. El autor de “Tango satánico” y “Melancolía de la resistencia” se mostró afable y cercano, aunque su semblante se ensombreció al hablar de la realidad política húngara .

La lengua como patria frente al nacionalismo

Krasznahorkai fue contundente al distanciarse del discurso nacionalista tradicional. “Mi Hungría es la de la lengua y no la de los húsares”, sentenció, en referencia a los símbolos patrios tradicionales húngaros. Explicó su postura: “Nací húngaro, mi lengua materna es el húngaro. ¿Por qué cambiar ser ciudadano del mundo por ser solo húngaro? Lejos de mí ideologizar el hecho de ser de alguna nación” .

El escritor expresó su aprecio por la riqueza de su lengua materna: “Me siento muy afortunado de que mi lengua materna sea una capaz de expresar matices muy finos. Pero respeto igual otras lenguas y entiendo que se las cuide, como a la lengua catalana, en la que tengo editor” .

Hungría: “un manicomio sin médicos”

Al referirse a la situación política actual de Hungría, gobernada por Viktor Orbán desde 2010, Krasznahorkai no escatimó en dureza. “Ocurren cosas horribles en todos los Estados expuestos a los populismos, pero nada igual por intensidad y brutalidad a lo que sucede en Hungría”, afirmó. Y añadió una metáfora devastadora: “Hungría ya no es un país, es un manicomio del que ya se han ido los médicos y en el que los enfermos juegan a ser médicos los lunes, miércoles y viernes” .

Esta no es la primera vez que el autor utiliza esa imagen. En una entrevista de 2024 con motivo del Premio Formentor, ya había declarado que Hungría “no tiene arreglo” y que es “un gran centro psiquiátrico del que se han marchado los médicos y donde los enfermos juegan a médicos” .

El autor reflexionó sobre las encrucijadas históricas de su país: “Siempre se equivoca en las encrucijadas históricas, siempre escoge mal el camino”. Recordó que cuando cuestionó el orgullo nacional por batallas que “además siempre pierden”, fue atacado por la extrema derecha. “Todo eso nos devuelve al mundo animal, cuando lo que querríamos es elevarnos como personas”, lamentó .

El Holocausto y la sombra de Imre Kertész

Preguntado por qué su literatura, a pesar de sus raíces judías, no aborda explícitamente la Shoah, Krasznahorkai explicó: “No he escrito concretamente de la Shoah porque ya lo hizo Imre Kertész, que era muy amigo mío. Yo no podría escribir de eso mejor. Y es muy peligroso hacerlo, hay tantas obras kitsch sobre la Shoah” .

Kertész, también húngaro y superviviente de Auschwitz, fue el primer autor de su país en recibir el Nobel de Literatura en 2002. Krasznahorkai se convierte así en el segundo húngaro en obtener este reconocimiento .

El estilo literario: frases largas y rechazo al simbolismo

Reconocido por su estilo característico de frases inusualmente largas —una sola de 400 páginas en su libro “Herscht 07769″—, Krasznahorkai explicó su método narrativo: “Es como cuando guardas un secreto mucho tiempo y de repente lo sueltas: cómo te quiero Lucía y siempre te querré, y toda la avalancha que sigue; no puedes decirlo en frases cortas” .

El autor rechazó las lecturas simbólicas de su obra, especialmente de la ballena en “Melancolía de la resistencia”: “En mi obra nada es simbólico, no me gustan los símbolos en la literatura, ni la parábola”. Sobre el realismo, cuestionó su existencia misma: “¿Qué es el realismo? La verdad es que no existe exactamente tal cosa, si piensas que incluso ante algo tan objetivo como un accidente de coche, los testigos darán versiones distintas” .

El Nobel y la relación con sus lectores

Sobre la obtención del Premio Nobel, Krasznahorkai confesó: “Muy inesperado para mí. No pertenezco al grupo de los que están el primer jueves de octubre ante la pantalla viendo la imagen de una puerta cerrada y esperando que se abra”. Reconoció la dificultad de asumir el reconocimiento: “Es algo que te eleva a una altura en la que no hay oxígeno, y mis pulmones lo necesitan” .

La Academia Sueca lo galardonó por “una obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte” . La crítica Susan Sontag lo definió como el “maestro del apocalipsis” de la literatura contemporánea .

Sobre lo que busca transmitir, fue honesto: “Primero, intento convencerlos de que no me lean, y lo digo en serio, honestamente. No ofrezco esperanza, aunque tampoco la quito”. Añadió que lo importante es “que el lector se reconozca a sí mismo. Lo frágil que es su propia dignidad” .

La colaboración con Béla Tarr

Krasznahorkai recordó su larga amistad y colaboración con el cineasta Béla Tarr, quien adaptó “Tango satánico” (1994) en una película de más de siete horas y “Melancolía de la resistencia” en “Armonías de Werckmeister” (2000) . Señaló una diferencia fundamental entre ambos: “Él creía que a una persona no se la podía despojar de su dignidad. Yo creo que esa dignidad es lo último que se le puede quitar, pero que se le puede quitar” .

Contexto biográfico

Nacido en Gyula en 1954, Krasznahorkai creció en una familia judía de clase media y estudió Derecho en las universidades de Szeged y Budapest antes de dedicarse a las letras . Abandonó Hungría en 1987 con una beca para Berlín Occidental y desde entonces ha vivido en diversos países, incluyendo largas temporadas en Mongolia, China, Japón y Estados Unidos .

Su primera novela, “Tango satánico” (1985), lo llevó a la fama en Hungría. La obra, estructurada en doce capítulos compuestos cada uno por un solo párrafo, fue calificada por su traductor George Szirtes como “un lento flujo de lava narrativa” . En 2015 ganó el Premio Booker Internacional por su trayectoria .