Yaacov Harari, un empresario argentino-israelí de 72 años, fue liberado de una prisión venezolana tras más de un año detenido bajo acusaciones que él y su familia califican como infundadas y fabricadas por el régimen de Nicolás Maduro. Su excarcelación, confirmada este martes 13 de enero de 2026 por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se produce en el marco de una oleada de liberaciones de presos en Venezuela, impulsada por las presiones internacionales tras la captura del líder chavista por fuerzas estadounidenses.

Harari, quien llegó a Israel el martes tras hacer escala en Roma, relató a medios israelíes las “terribles condiciones” y el antisemitismo que sufrió durante su encarcelamiento en la prisión de alta seguridad El Rodeo I. Las autoridades venezolanas lo acusaron de ser un “mercenario” y un agente israelí, sentenciándolo en ausencia a 25 años de prisión por dirigir una supuesta “escuela de sabotaje”, cargos que él niega categóricamente.

Detención y acusaciones fabricadas

Yaacov Harari, un hombre de negocios con experiencia en América Latina, viajó a Venezuela a través de Colombia en octubre de 2024 para asuntos comerciales. Poco después de su llegada, fue arrestado por las autoridades venezolanas, que cortaron todo contacto con su familia. Según relató, las acusaciones se basaron en fotografías encontradas en su teléfono de familiares vistiendo uniformes de reservistas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). A partir de esto, fue declarado culpable de ser un mensajero del Mossad y las FDI, y de dirigir una escuela de sabotaje, recibiendo una condena de 25 años de prisión.

No tengo nada que ver con la seguridad ni con nada relacionado con la seguridad. Soy un hombre de 72 años enfermo que toma pastillas. No soy un mercenario, sino un empresario inocente“, declaró Harari al medio israelí Ynet tras su liberación. Su familia y representantes describieron las acusaciones como “delirantes” y propias de un “régimen paranoico”.

Condiciones inhumanas y abusos en prisión

El relato de Harari sobre su estadía en la cárcel El Rodeo I describe un entorno de extrema dureza y violaciones a los derechos humanos:

  • Condiciones de vida: Los presos sufrían escasez de comida y frío extremo. Tras un suicidio por ahorcamiento con una sábana, los guardias confiscaron sábanas y frazadas a todos los prisioneros extranjeros, dejándolos cubrirse solo con toallas.
  • Aislamiento y tortura psicológica: Pasaba 23 horas al día confinado en su celda, con apenas una hora de recreación. Los guardias intentaron quebrantarlo psicológicamente, llegando a decirle falsamente que su esposa se había suicidado.
  • Antisemitismo y acoso: Según Moshe Shitrit, vicealcalde de Beit Shemesh quien ayudó a la familia, Harari fue objeto de comentarios antisemitas por parte de los guardias. “Lo acusaron de ser un mercenario y provenir de un país que asesina a niños”, relató Shitrit. En otra ocasión, un guardia celebró falsamente frente a él que Irán había derribado cinco aviones israelíes.

Un esfuerzo diplomático internacional para su liberación

La liberación de Harari es el resultado de una intensa gestión diplomática que involucró a varios países. Al no existir relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel, el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí coordinó los esfuerzos a través de su embajada en Colombia, trabajando con representantes de naciones amigas para mantener contacto con Harari, enviarle fotografías de su familia como apoyo moral y presionar por su excarcelación.

El primer ministro Netanyahu agradeció específicamente a los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Austria e Italia por su ayuda en el proceso. Su liberación se enmarca en una serie de excarcelaciones que el gobierno interino venezolano, liderado por Delcy Rodríguez, realiza tras la captura de Maduro. Mientras el gobierno venezolano afirma haber liberado a 116 personas como un “gesto de buena voluntad”, organizaciones de la oposición y de derechos humanos como el Foro Penal reportan cifras menores, entre 56 y 73 excarcelados en los últimos días.

Regreso a casa y futuro incierto para otros detenidos

Tras su liberación el lunes por la noche, Harari fue trasladado en avión a Roma, donde recibió asistencia de la embajada israelí antes de continuar su viaje a Tel Aviv. Netanyahu conversó con él y sus dos hijas, Yael y Ya’ara, felicitando a la familia y deseándole una pronta recuperación.

A la pregunta de si se arrepentía de haber viajado a Venezuela, Harari respondió: “Hay buena gente en Venezuela y lamento haber ido. Espero que ahora que habrá un cambio de gobierno, el país prospere.

Mientras la familia Harari celebra su regreso, la atención se centra ahora en otros detenidos que permanecen en cárceles venezolanas. Familiares de presos políticos se reúnen cada noche a las afueras de prisiones como El Rodeo I, esperando noticias de sus seres queridos. El caso de Harari ejemplifica la precaria situación de los derechos humanos en Venezuela y la compleja red de relaciones internacionales que a menudo determina el destino de ciudadanos extranjeros atrapados en crisis políticas.