El presidente de Colombia, Gustavo Petro, convocó para el miércoles 7 de enero de 2026 una jornada de movilizaciones nacionales en las plazas públicas del país, en lo que calificó como un acto de defensa de la soberanía nacional ante recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que sugirieron la posibilidad de una operación militar en territorio colombiano. La convocatoria se enmarca en una escalada verbal entre ambos mandatarios, que tuvo como detonante inmediato la captura en Caracas del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de fuerzas estadounidenses.

Desarrollo de una jornada de protesta y diálogo

Las movilizaciones se realizaron en puntos como la Plaza de Bolívar en Bogotá, Cúcuta, Cali, Cartagena y Valledupar. En la capital, miles de ciudadanos acudieron al llamado pese a la lluvia, portando banderas nacionales y pancartas con lemas como “Es Colombia, no colonia”, “Colombia se respeta” y “Estados Unidos es la mayor amenaza contra la paz mundial”. Los asistentes, entre los que se encontraban estudiantes, sindicalistas, campesinos, indígenas y empleados del Estado, corearon consignas a favor de la soberanía y en rechazo a la intervención estadounidense en Venezuela.

Sin embargo, el desarrollo de la jornada tuvo un giro inesperado. Momentos antes de dirigirse a la multitud congregada en Bogotá, los presidentes Petro y Trump sostuvieron una llamada telefónica de aproximadamente una hora. Este contacto directo, gestionado tras intensas gestiones diplomáticas de ambos países, alteró los planes iniciales del mandatario colombiano. El propio Petro reconoció ante sus seguidores: “En medio del debate de estos dos o tres días que se ha desatado, hoy traía un discurso y tengo que dar otro, eso no es fácil. El primer discurso era bastante duro”.

La llamada que apaciguó tensiones y abrió una nueva vía de diálogo

El contenido y resultado de la conversación marcaron un punto de inflexión tras días de alta tensión. Según relató Petro, solicitó a Trump el “restablecimiento de las comunicaciones directas entre cancillerías y presidentes”. Durante el diálogo, el mandatario colombiano defendió su gestión y presentó cifras de la lucha antinarcóticos, rechazando las acusaciones de vínculos con el narcotráfico. “Le tuve que lanzar las cifras… de por qué se me sindica si yo llevo 20 años arriesgando mi vida, luchando contra ‘traquetos’ de alto poder”, afirmó.

Por su parte, Trump describió el intercambio como constructivo. En sus redes sociales, el presidente estadounidense escribió: “Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia… Aprecié su llamada y tono, y espero reunirme con él en un futuro cercano”. Como resultado tangible, ambos gobiernos acordaron una futura reunión bilateral en Washington, cuyos detalles serán coordinados por el secretario de Estado, Marco Rubio, y la canciller colombiana, Rosa Villavicencio.

Además, Petro propuso a Trump establecer un “diálogo tripartito” que incluya a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a quien ya había invitado a Colombia, con el objetivo de buscar mecanismos para la estabilización del país vecino. Los mandatarios también abordaron la cooperación en seguridad, acordando “acciones conjuntas” para combatir al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la zona fronteriza colombo-venezolana.

Antecedentes de una crisis diplomática

La convocatoria a marchar fue la respuesta de Petro a declaraciones realizadas por Trump el 4 de enero a bordo del Air Force One. En ese momento, consultado por periodistas sobre la posibilidad de ordenar una operación militar en Colombia similar a la ejecutada en Venezuela, el presidente estadounidense respondió: “Suena bien para mí. Sí”. Además, calificó a Colombia como un país “muy enfermo, dirigido por un hombre enfermo, al que le gusta fabricar cocaína y venderla a Estados Unidos”, agregando que esta situación “no va a estar haciéndolo por mucho tiempo”.

Petro reaccionó en redes sociales defendiendo su legitimidad y rechazando las acusaciones: “No soy ilegítimo, ni soy narco, solo tengo como bien mi casa familiar que aún pago con mi sueldo”. El malestar del gobierno colombiano ya venía en aumento tras la operación en Venezuela del sábado anterior, que Petro calificó como un “secuestro” y una “barbarie” contra la soberanía latinoamericana.

Contexto interno y reacción de la oposición

La marcha se inscribe en una estrategia recurrente del presidente Petro, quien durante sus tres años de gobierno ha convocado más de una docena de movilizaciones para canalizar apoyo social, presionar al Congreso o responder a críticos. La convocatoria generó opiniones divididas. Mientras el oficialismo la presentó como un acto patriótico de defensa nacional, sectores de la oposición la cuestionaron. La senadora y precandidata presidencial Paloma Valencia acusó a Petro de ser él quien “mensualmente insulta al presidente” de Estados Unidos con “discursos horribles que atropellan los más elementales principios de diplomacia”.

A nivel logístico, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá emitió una alerta de seguridad a sus ciudadanos, recomendando evitar las protestas y mantener un perfil bajo. Paralelamente, el gobierno colombiano aseguró que se trataba de una movilización pacífica y que Petro, en su calidad de comandante supremo de las Fuerzas Militares, daría nuevas órdenes a la fuerza pública ese mismo día.

El evento concluyó con un mensaje de Petro orientado hacia la calma y el diálogo: “La prioridad es la paz, y la paz se encuentra hablando… Colombia puede dormir tranquila”. La llamada del 7 de enero parece haber abierto una nueva etapa en la compleja relación bilateral, aunque los analistas señalan que los desacuerdos de fondo, especialmente en políticas antidrogas, persisten.