
El laureado arquitecto, ganador del Premio Pritzker en 1989, falleció este viernes en su casa de Santa Mónica, California, tras una breve enfermedad respiratoria, confirmó su equipo al periódico The New York Times.
Frank O. Gehry, uno de los arquitectos más influyentes y originales del siglo XX y XXI, falleció este viernes 5 de diciembre a los 96 años en su residencia de Santa Mónica, California, tras enfrentar una breve enfermedad respiratoria.
Nacido en Toronto, Canadá, en 1929 como Frank Owen Goldberg, Gehry forjó una carrera que desafiaba las convenciones estéticas y materiales de la arquitectura moderna. Su obra más emblemática, el Museo Guggenheim de Bilbao, inaugurado en 1997, se convirtió en un fenómeno global que no solo transformó la imagen de la ciudad española, sino que redefinió el papel de la arquitectura como motor de regeneración urbana y catalizador cultural. El edificio, con sus formas escultóricas revestidas de titanio, consolidó a Gehry como una figura central en la arquitectura contemporánea.

Gehry se trasladó con su familia a Los Ángeles en la década de 1940. Tras un inicio en estudios de cerámica, fue orientado hacia la arquitectura, disciplina en la que se graduó en la Universidad del Sur de California. Adoptó el apellido Gehry en sus años universitarios para evitar el antisemitismo. Inició su propio estudio en 1962, desarrollando un lenguaje arquitectónico distintivo que incorporaba materiales industriales y cotidianos, como el contrachapado, el metal corrugado y la malla de alambre, visible en su propia casa en Santa Mónica (1978), una obra seminal que atrajo la atención internacional.
En 1989 recibió el Premio Pritzker, el máximo galardón en arquitectura. Entre sus proyectos más destacados se encuentran el Museo de Diseño Vitra en Weil am Rhein, Alemania; la Casa Danzante en Praga; el Walt Disney Concert Hall en Los Ángeles (2003); el New World Center en Miami Beach (2011); y la Fondation Louis Vuitton en París (2014).
Gehry mantuvo una prolífica actividad creativa hasta sus últimos años, trabajando en proyectos como la nueva sala de conciertos para la Escuela de Música Colburn en Los Ángeles. Su legado perdura no solo en sus edificios, que reinterpretaron la relación entre forma, función y contexto urbano, sino en su influencia sobre generaciones de arquitectos que vieron en su obra un llamado a la libertad expresiva y la innovación técnica.
