
Esta semana, mientras muchos celebrábamos la fortaleza del “Súper Peso” y veíamos con optimismo cómo la Bolsa Mexicana alcanzaba máximos históricos, una cubetada de agua fría nos recordó la realidad de nuestra economía. Durante el foro Panorama Económico y Político 2026, expertos y académicos soltaron una frase que debería hacernos reflexionar a todos: México se encamina a un crecimiento “profundamente mediocre” de apenas el 1.5% para este año.
A primera vista, un 1.5% suena a “algo es algo”, pero en el lenguaje de las finanzas y el bienestar familiar, esa cifra es un estancamiento disfrazado de avance. Aquí te explico por qué este número nos importa a todos, no solo a los banqueros.
Imagina que tu sueldo sube 10 pesos, pero la renta y la comida suben 15. Aunque “ganas más”, en realidad eres más pobre. Eso es lo que le pasa al país. Con una población que sigue creciendo y una inflación que se resiste a bajar del 4%, crecer apenas 1.5% significa que no estamos generando los empleos suficientes para los jóvenes que se gradúan, ni estamos produciendo la riqueza necesaria para mejorar hospitales o escuelas.
Valeria Moy, directora del IMCO, fue tajante: venimos de un 2025 casi congelado (0.4%) y saltar al 1.5% es como intentar correr un maratón después de un año en cama; nos falta músculo.
México tiene hoy una oportunidad de oro llamada nearshoring (empresas que quieren mudarse de China a nuestro país para estar cerca de EE. UU.). Sin embargo, nos estamos poniendo el pie solitos por tres razones clave:
El apagón de la inversión: No basta con tener ganas de recibir empresas. Sin electricidad constante, sin agua garantizada y sobre todo sin carreteras seguras, las inversiones se van a otros países. La inversión pública ha caído tras el fin de los grandes proyectos del sexenio pasado, y la privada sigue “viendo y tanteando” por la inseguridad.
El vecino incómodo: 2026 es el año de la revisión del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Con las tensiones arancelarias en el aire, muchos empresarios prefieren guardar su dinero bajo el colchón hasta ver qué pasa con las reglas del juego. Si a esto le sumamos que las relaciones políticas con Trump están detenidas con pincitas bajo la amenaza del ataque al narcotráfico por el ejército estadounidense… el panorama pinta bastante negro.
Baja productividad: Producimos poco con mucho esfuerzo. Seguimos siendo una economía de “chambas” informales en lugar de empleos de alta tecnología. Y basta darse una vuelta por las descripciones de puestos en plataformas como Linkedin, OCC o Indeed, para entender que estamos a años luz de cambiar esta perspectiva.
Si eres dueño de una pequeña empresa, notarás que las ventas no despegan. Si eres empleado, verás que los aumentos de sueldo apenas alcanzan para la “cuesta de enero” que este año parece no terminar. El crecimiento mediocre se traduce en falta de oportunidades.
¿Hay salida? Sí, pero no es mágica. Los expertos coinciden en que el gobierno no puede hacerlo solo. Necesitamos reglas claras que den confianza a los inversionistas y, sobre todo, invertir en lo básico: luz, agua y seguridad.
El 1.5% no es un destino inevitable, es un síntoma de que el motor de México necesita mantenimiento urgente. Si no lo arreglamos ahora, corremos el riesgo de acostumbrarnos a vivir en la mediocridad mientras el resto del mundo sigue de largo.
