
En las calles de Pakistán, miles de perros crecen aprendiendo que el ser humano es su peor enemigo. Recibidos con piedras, palos y veneno, su sufrimiento suele justificarse con interpretaciones rigoristas del islam que los etiquetan como “impuros”. Sin embargo, la realidad es más compleja: mientras algunos sectores promueven el exterminio, activistas, abogados y ciudadanos anónimos arriesgan su seguridad para salvarlos, y lo hacen invocando los mismos principios islámicos de compasión.
La controversia teológica: ¿qué dice realmente el islam sobre los perros?
La relación entre el islam y los perros es objeto de un prolongado debate teológico que dista de ser monolítico. Lejos de la imagen simplista que reduce a estos animales a la categoría de “inmundos”, las fuentes islámicas ofrecen interpretaciones diversas y matizadas.
La diversidad de opiniones entre las escuelas jurídicas
Los eruditos islámicos han sostenido históricamente posturas divergentes respecto a la pureza de los perros, que pueden agruparse en tres corrientes principales :
- Minoría rigorista: Considera que el perro es completamente impuro, incluyendo su pelo y saliva.
- Postura mayoritaria: Sostiene que solo la saliva del perro es impura, fundamentándose en el hadiz que prescribe lavar siete veces el recipiente que un perro haya lamido, una de ellas con tierra .
- Escuela malikí y otras corrientes: Defienden que el perro es puro como cualquier otro animal, a menos que entre en contacto directo con impurezas como heces u orina . Imam Malik, fundador de una de las principales escuelas jurídicas, sostenía esta posición.
El Corán y los hadices: textos que contradicen el odio
El Corán menciona a los perros en términos neutrales e incluso positivos. En la Sura 18 (La Cueva), se relata la historia de los “Jóvenes de la Cueva” acompañados por un perro que permaneció con ellos durante su largo sueño, sin que el texto sagrado emita juicio negativo alguno sobre el animal .
Más significativo aún es el versículo 5:4, que permite explícitamente el consumo de lo que los perros de caza atrapen: “Te preguntarán qué es lícito para ellos. Di: ‘Os son lícitas las cosas buenas y lo que hayáis enseñado a los animales de presa, adiestrándolos como Dios os ha enseñado. Comed, pues, de lo que cojan para vosotros y mencionad el nombre de Dios sobre ello'” . Este versículo no solo normaliza la interacción con perros, sino que establece una relación de cooperación y beneficio mutuo.
Los hadices, colecciones de dichos y acciones atribuidas al profeta Muhammad, contienen enseñanzas que enfatizan la compasión hacia los animales. El más célebre narra que “una prostituta fue perdonada por Alá porque dio agua a un perro sediento en el desierto. Descendió a un pozo, llenó su zapato con agua y dejó que el perro bebiera. Alá perdonó sus pecados por ese acto de bondad” (Sahih al-Bukhari, Sahih Muslim) .
La prohibición de tener perros como mascotas: contexto y matices
Existen hadices que prohíben tener perros sin una necesidad justificada, como la caza, la guarda del ganado o la protección de cultivos . El profeta Muhammad declaró: “Quien tenga un perro, excepto para la guarda del ganado, la caza o la agricultura, perderá cada día una parte de sus buenas acciones” .
Sin embargo, los estudiosos señalan que estas prohibiciones deben entenderse en su contexto histórico, que incluía problemas de salud pública como la rabia. Además, la tradición islámica permite explícitamente el uso de perros para servicios esenciales, como la asistencia a ciegos, mediante el razonamiento analógico (qiyas) .
La cruda realidad: el maltrato institucionalizado en Pakistán
A pesar de la riqueza del debate teológico, en las calles de Pakistán la realidad para los perros es aterradora. La brecha entre la compasión que predican los textos y la violencia que ejercen muchas instituciones y ciudadanos refleja una profunda crisis ética.
El centro de exterminio de Islamabad: muerte bajo la apariencia de protección
El Centro para la Población de Perros Callejeros de Tarlai, en Islamabad, se ha convertido en el símbolo más atroz de esta contradicción. Establecido en 2022 por la Autoridad de Desarrollo Capital (CDA) supuestamente para aplicar métodos humanitarios de control poblacional, el centro ha sido denunciado repetidamente como un “campo de exterminio” .
Altamush Saeed, abogado especializado en justicia interespecie y activista pionero en Pakistán, ha liderado la lucha legal contra este centro. En una entrevista reveladora, Saeed describe la realidad de las instalaciones: “Desde el primer día, el centro no ha sido gestionado por personas con experiencia en bienestar animal, una situación que permanece inalterada. El centro se ha convertido en una trampa mortal, donde los animales capturados en las calles de Islamabad son abandonados para morir de inanición y negligencia” .
Las condiciones son espeluznantes: perros hacinados, falta de alimento y agua, ausencia de atención veterinaria, y paredes infestadas de garrapatas que representan un riesgo sanitario tanto para animales como para humanos . La organización Stray Homes Animal Welfare rescató 50 perros del centro, pero el 80% de ellos murieron o tuvieron que ser sacrificados humanitariamente debido al sufrimiento extremo que padecían .
La lucha legal: victorias contra el exterminio
A pesar de este panorama desolador, existen avances significativos. Saeed y su equipo han obtenido fallos históricos en los tribunales de Lahore :
- Enero 2025: La Política de Perros Callejeros de Punjab 2021 fue establecida como ley vinculante.
- Febrero 2025: Se aseguró su implementación efectiva.
- Mayo 2025: El Tribunal Superior de Lahore emitió una orden histórica que pone fin a 78 años de exterminio sistemático de perros, responsabilizando al gobierno por el sacrificio de más de 2,000 perros en marzo de ese año.
El sufrimiento de los alimentadores: cuando la compasión es castigada
En un país donde los perros son perseguidos, quienes intentan ayudarlos se convierten también en víctimas. Los alimentadores voluntarios, personas que dedican su tiempo y recursos a dar de comer y cuidar a los animales callejeros, enfrentan hostigamiento constante, amenazas, agresiones e incluso denuncias legales por parte de sus propias comunidades .
Una alimentadora anónima relata su experiencia: “He soportado acoso, multitudes que me impiden alimentar a los perros, y abuso verbal. Incluso tuve que cambiar de residencia debido a las duras circunstancias. La situación escaló tanto que el asunto llegó a la comisaría” . Afortunadamente, una oficial de policía intervino para hacer justicia, pero el incidente dejó una profunda huella psicológica: “Todavía hoy, pienso mil veces antes de alimentar a los animales callejeros” .
La mayoría de estos alimentadores son mujeres, y el hostigamiento que sufren tiene un efecto disuasorio que va más allá del bienestar animal: desalienta la participación femenina en la construcción de una sociedad más compasiva .
La conexión entre la crueldad animal y la violencia social
Una de las tesis más poderosas que emergen del análisis de esta problemática es la íntima conexión entre el maltrato animal y la violencia contra los seres humanos. Altamush Saeed lo expresa con crudeza: “La próxima vez que normalices que tus hijos golpeen a un perro con una piedra o pidas a tu comunidad que lo envenene, recuerda que mientras un hombre ejecuta el acto, un niño lo observa. Ese mismo niño, un día, maltratará a su esposa o a su hija. Entonces será demasiado tarde para culparlo” .
Investigaciones internacionales respaldan esta intuición. En Estados Unidos, el FBI clasifica la crueldad animal como un delito grave de Grupo A, equiparable al homicidio y la agresión, debido a su valor predictivo de violencia futura . Un estudio de la National Link Coalition reveló que el 71% de las mujeres en refugios de violencia doméstica reportaron que su agresor también había herido o amenazado a sus mascotas .
En Pakistán, donde las encuestas en entornos sanitarios muestran que hasta el 97% de las mujeres han sufrido amenazas, agresiones o actos no consentidos, esta conexión debería ser una alarma . Sin embargo, el estado mantiene leyes de protección animal que datan de la era colonial (1890), nunca aplicadas ni actualizadas, y no existe ningún mecanismo formal que vincule la crueldad animal con la violencia doméstica .
Iniciativas de esperanza: quienes luchan contra la corriente
A pesar del sombrío panorama, existen numerosas organizaciones e individuos que trabajan incansablemente para aliviar el sufrimiento animal en Pakistán.
La Fundación Moses Welfare: un faro de esperanza
La Fundación Moses Welfare, con sede en Lahore, desarrolla el proyecto “Paws of Hope” (Patas de Esperanza), que ofrece rescate de emergencia, tratamiento veterinario, rehabilitación, y adopción para animales heridos o abandonados . Su directora, Farwa Riaz, describe la situación: “Cada día, animales indefensos son abandonados a su suerte en las calles de Pakistán, atropellados, envenenados, golpeados, o muriendo lentamente de hambre y enfermedad. No hay refugios gubernamentales, ni ambulancias para animales, ni sistemas públicos de rescate” .
La fundación busca recaudar fondos para construir el primer Centro de Rescate y Rehabilitación Animal del país, un espacio donde ningún animal herido o sin hogar sea abandonado .
La iniciativa policial: PAWS y el compromiso institucional
En un giro esperanzador, la Policía de Islamabad firmó un memorando de entendimiento con una organización de rescate animal para establecer PAWS (Servicios de Bienestar Animal Policial) . El proyecto incluye la creación de un refugio, un café para mascotas, y un hotel para animales, así como un programa de adopción para perros jubilados de la unidad K-9 . El Inspector General de Policía, Syed Ali Nasir Rizvi, declaró que esta iniciativa “transmite el mensaje de amor y cuidado por los animales, ya que son importantes para el medio ambiente, la naturaleza y la vida humana” .
El precio de la indiferencia: una crisis de empatía
La violencia normalizada contra los perros en Pakistán no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de una enfermedad social más profunda. Como señala Saeed, “la violencia en Pakistán ya no es solo un acto, es una condición, un estado por defecto tejido en el tejido de la vida cotidiana” .
Las cifras son escalofriantes: entre el 70 y el 90% de las mujeres sufren alguna forma de violencia doméstica; más de 5,000 son asesinadas anualmente en nombre del honor . Y en más del 95% de los casos penales, la respuesta policial significativa solo llega después de que se ha producido un daño irreversible .
En este contexto, la suerte de los perros callejeros se convierte en un espejo que refleja el estado moral de la nación. La incapacidad o falta de voluntad para proteger a los más vulnerables —sean mujeres, niños, ancianos, animales o el medio ambiente— revela una estructura social basada en el poder y la impunidad .
Conclusión: entre la condena y la esperanza
Pakistán se encuentra en una encrucijada. Por un lado, persiste una realidad de maltrato institucionalizado, respaldado por interpretaciones rigoristas de la religión y tolerado por una sociedad que ha normalizado la violencia. Por otro, emerge un movimiento creciente de activistas, abogados, ciudadanos anónimos y hasta instituciones policiales que, invocando los mismos principios islámicos de compasión, luchan por construir un país más justo para todas las especies.
La batalla no es solo por los perros, sino por el alma misma de una nación fundada sobre principios de justicia y compasión. Como concluye Saeed, “en una nación fundada sobre principios de compasión y justicia, el maltrato a los alimentadores de animales y a las criaturas sin voz es una traición desgarradora a nuestros verdaderos valores” .
La próxima vez que un niño levante una piedra contra un perro, no estará solo aprendiendo a odiar a un animal. Estará aprendiendo a odiar. Y ese aprendizaje, como demuestra la evidencia, no conoce fronteras entre especies.
