
Petróleos de Venezuela (PDVSA) se encuentra en una crisis operativa sin precedentes, viéndose obligada a ordenar reducciones de producción y el cierre de pozos debido a la parálisis casi total de sus exportaciones tras el bloqueo marítimo y el embargo petrolero impuestos por Estados Unidos.
Esta situación pone una presión extrema sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez en un momento de profunda inestabilidad política, tras la captura del presidente Nicolás Maduro. El embargo, anunciado por el presidente Donald Trump tras la operación militar estadounidense, ha bloqueado efectivamente los envíos de crudo.
Un sector petrolero al borde del colapso logístico
Las medidas de PDVSA incluyen solicitudes formales a sus principales empresas mixtas para que cierren yacimientos y grupos de pozos. El colapso es tal que:
- Petrolera Sinovensa, de la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), preparó la desconexión de hasta 10 grupos de pozos por sobreacumulación de crudo extrapesado y falta de diluyentes.
- Las empresas conjuntas con Chevron —Petropiar y Petroboscan— también fueron notificadas. Chevron, que contaba con una licencia especial para exportar a Estados Unidos, ha visto paralizados sus envíos desde el 1 de enero.
- Petromonagas, anteriormente operada con una empresa rusa, quedó bajo control exclusivo de PDVSA.
El problema central es logístico: sin salida para el crudo, la capacidad de almacenamiento terrestre de PDVSA está saturada en más del 45% (48 millones de barriles), lo que ha forzado el uso de buques como almacenamiento flotante para otros 17 millones de barriles.
El contraste entre las enormes reservas y la mínima producción
La crisis actual pone en evidencia la dramática paradoja del sector energético venezolano. El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con 303 mil millones de barriles, lo que representa aproximadamente una quinta parte del total global. Sin embargo, su producción real es marginal.
- En su mejor momento, a fines de los años 90, Venezuela producía 3.5 millones de barriles diarios.
- Actualmente, la producción se ha desplomado a alrededor de 800,000 a 1.1 millones de barriles diarios, menos del 1% de la oferta mundial.
La devastación de la industria es el resultado de décadas de mala gestión, subinversión crónica, la pérdida masiva de talento técnico y la nacionalización de activos extranjeros en 2007. Las sanciones estadounidenses, vigentes desde 2019, aceleraron este declive al restringir el acceso a mercados y financiamiento.
Reconfiguración geopolítica del mercado petrolero venezolano
Con el embargo actual, se interrumpe el frágil modelo de exportación que había logrado mantener PDVSA:
- China era el comprador dominante, recibiendo alrededor del 68% del crudo venezolano, gran parte con descuento y transportado por flotas “sombra” para eludir sanciones.
- Estados Unidos solo recibía el crudo producido por Chevron bajo licencia, unos 140,000 barriles diarios en el último trimestre de 2025.
- Un segundo grupo de compradores incluía a Rusia, India y Turquía.
El presidente Trump ha declarado que las grandes compañías petroleras estadounidenses invertirán “miles de millones” para reparar la infraestructura venezolana. Empresas como ExxonMobil y ConocoPhillips, expropiadas en 2007, tienen reclamos pendientes por miles de millones de dólares contra Caracas y podrían buscar recuperar sus activos. Sin embargo, analistas advierten que las empresas son cautelosas y que cualquier retorno a gran escala está “a años de distancia”, requiriendo primero estabilidad política, un marco legal claro y una inversión masiva.
A pesar de la crisis, el mercado petrolero global ha reaccionado con indiferencia. Los precios del crudo incluso cayeron tras la captura de Maduro, reflejando un mercado global sobresaturado y la percepción de que Venezuela, en su estado actual, es un actor marginal que no puede alterar el equilibrio de la oferta y la demanda a corto plazo.
