
La comunidad internacional sigue profundamente dividida tras el intervencionismo militar estadounidense en Venezuela. En el centro de la condena más vehemente se encuentra Corea del Norte, que a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores emitió un duro pronunciamiento contra lo que calificó como una grave violación de la soberanía venezolana.
El comunicado oficial, acusa a Estados Unidos de cometer un “acto hegemónico” y señala que el incidente “confirma una vez más la naturaleza deshonesta y brutal de Estados Unidos”. La postura norcoreana va más allá de la simple declaración, al establecer una conexión directa entre esta acción y sus propias preocupaciones de seguridad.
Para el régimen de Pyongyang, la captura forzosa del presidente venezolano representa un “escenario de pesadilla” que valida su narrativa de que Washington busca activamente cambios de régimen en países que considera adversarios. Este suceso refuerza la justificación que durante décadas ha utilizado Corea del Norte para desarrollar sus programas de armas nucleares y misilísticas como un disuasivo esencial.
La reacción norcoreana no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una sólida alineación con otros gobiernos tradicionalmente enfrentados a Estados Unidos. Horas antes, China ya había expresado su conmoción y condena enérgica, afirmando que el comportamiento de Washington “viola gravemente el derecho internacional” y “amenaza la paz y la seguridad en América Latina y el Caribe”. Como medida práctica, el gobierno chino recomendó a sus ciudadanos abstenerse de viajar a Venezuela debido al aumento de los riesgos.
Rusia, otro aliado estratégico del gobierno chavista, se sumó a las críticas. Su Ministerio de Asuntos Exteriores manifestó que el acto de agresión armada era “profundamente preocupante y condenable“, instando a evitar una mayor escalada y a buscar una salida mediante el diálogo.
El pronunciamiento de Corea del Norte, además, coincidió temporalmente con un significativo despliegue de fuerza militar propia. El mismo domingo 4 de enero, Pyongyang realizó sus primeras pruebas de armas del año, lanzando varios misiles balísticos. Aunque no estableció explícitamente un vínculo directo entre ambos eventos, la sincronía refuerza un mensaje de desafío y alerta ante lo que percibe como una política exterior predatoria por parte de Estados Unidos.
En conjunto, la reacción coordinada de Corea del Norte, China y Rusia subraya cómo la crisis venezolana ha trascendido el ámbito regional para convertirse en un nuevo frente de tensión en la geopolítica global. Estos países ven en la intervención estadounidense un precedente peligroso que podría aplicarse en otras partes del mundo, incluida la península coreana.
