Miles de manifestantes convocados por la Confederación General del Trabajo (CGT) colmaron este jueves la Plaza de Mayo en una masiva protesta contra el proyecto de “modernización laboral” impulsado por el presidente Javier Milei. La movilización, la primera de magnitud contra esta polémica iniciativa, logró que el Senado suspendiera el debate parlamentario hasta el próximo 10 de febrero.

La protesta se desarrolló de manera pacífica, con una alta participación de trabajadores identificados con camisetas de sus gremios, quienes corearon consignas y portaron carteles con lemas como “No hay paz sin pan ni trabajo”. La CGT denunció en sus redes sociales que retenes policiales habrían dificultado el ingreso de algunas caravanas de autobuses con manifestantes al centro porteño.

El corazón del conflicto: puntos críticos de la reforma

El proyecto de ley, que el Senado comenzó a tratar el miércoles, contiene una serie de modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo que han encendido las alarmas en el movimiento sindical. Los puntos más cuestionados incluyen:

  • Limitación del derecho a huelga y de la capacidad de negociación colectiva.
  • Reducción de las indemnizaciones por despido.
  • Implementación de la jornada laboral de hasta 12 horas mediante la creación de un “banco de horas”.
  • Flexibilización de los contratos y reducción de cargas patronales.

Para el gobierno, estas medidas son indispensables para dinamizar un mercado laboral donde casi el 40% de los trabajadores se encuentra en la informalidad. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, argumentó que la legislación vigente “paraliza contrataciones” por el temor de los empleadores a “un mundo que resulta conflictivo”.

Las voces en la plaza: críticas y advertencia de paro nacional

Desde el escenario montado frente a la Casa Rosada, los líderes sindicales expresaron un rotundo rechazo. Jorge Solá, uno de los dirigentes de la CGT, fue contundente: “El proyecto busca que los trabajadores pierdan fuerza colectiva para defenderse”. Además, prometió convocar a “un paro nacional en todo el país” si el gobierno no atiende sus demandas.

Los trabajadores presentes compartieron su preocupación. Julio Barroso, delegado gremial de 51 años, criticó: “La reforma trata que el compañero se pelee con el compañero de al lado”. Pablo Ríos, empleado de hospital de 44 años, sentenció: “Esta ley que está pensada para el empresario, no va a funcionar”.

La respuesta política: debate suspendido hasta febrero

La presión de la movilización tuvo un efecto inmediato en el Congreso. A media jornada, la senadora Patricia Bullrich, presidenta de la comisión que analiza la reforma, anunció la suspensión del debate.

“Hemos escuchado a todos los actores… y proponemos pasar el debate al 10 de febrero para poder analizar todos los pedidos que han llegado”, explicó Bullrich. Esta postergación deja el proyecto en un limbo legislativo y otorga un respiro a ambas partes en medio de un clima de alta tensión social.

Dos visiones enfrentadas sobre el futuro del trabajo

El conflicto evidencia una profunda grieta en la visión sobre la economía y el empleo en Argentina:

Visión del GobiernoVisión de los Sindicatos
La ley actual es obsoleta y el principal obstáculo para la creación de empleo formal.La reforma es regresiva y recorta derechos históricos conquistados por los trabajadores.
La flexibilización es necesaria para combatir la informalidad (cercana al 40%).Las nuevas reglas generan una disparidad de fuerza que perjudica al trabajador individual.
Los cambios dinamizarán el mercado y reactivarán la contratación.El proyecto debilita la organización colectiva y fomenta el “sálvese quien pueda”.

¿Qué sigue?

La postergación del debate hasta el 10 de febrero no significa el archivo del proyecto, sino un alto para negociar. El gobierno de Milei insiste en que la reforma es clave para su programa económico, mientras la CGT ha demostrado su capacidad de movilización y ha dejado sobre la mesa la amenaza de un paro nacional.

El escenario prevé semanas de intensa negociación, cabildeo y probablemente nuevas manifestaciones, en un pulso que definirá no solo el destino de esta ley, sino el tono de la relación entre el gobierno libertario y el movimiento obrero organizado en Argentina.