El artista italiano Roberto Ferri entregó al Papa León XIV su pintura-retrato oficial, la cual fue colocada en la Sala de las Congregaciones del Palacio Apostólico. La incorporación de esta obra al recinto subraya su relevancia institucional y artística, al integrarse al acervo histórico y visual de la Santa Sede.

El retrato destaca por integrar elementos de la iconografía clásica de la Iglesia, retomando códigos visuales tradicionales asociados a la representación pontificia, al tiempo que establece un diálogo entre el barroco y la pintura contemporánea, rasgo característico del trabajo de Ferri. La obra combina una ejecución técnica minuciosa, un uso dramático de la luz y una composición solemne que remite a los grandes maestros del arte sacro, reinterpretados desde una sensibilidad actual.

Con esta pieza, Roberto Ferri refuerza la continuidad estética entre la herencia artística eclesiástica y las expresiones plásticas contemporáneas, contribuyendo a la renovación del lenguaje visual de la Iglesia sin romper con su tradición. La colocación del retrato en un espacio de alta relevancia simbólica y funcional dentro del Vaticano confirma el papel del arte como vehículo de identidad, memoria y diálogo cultural en el seno de la institución.