
En la madrugada del jueves 4 de julio, Rusia llevó a cabo un ataque aéreo masivo contra Kiev, considerado el mayor registrado desde el inicio de la invasión a Ucrania en febrero de 2022.
De acuerdo con las autoridades ucranianas, el bombardeo duró más de siete horas e incluyó más de 500 drones Shahed de fabricación iraní, así como al menos 11 misiles balísticos y de crucero.
El ataque provocó incendios en al menos seis distritos de la capital, así como daños significativos en infraestructuras civiles y ferroviarias. Se reporta la muerte de al menos una persona y entre 23 y 26 heridos, según distintos medios.
Las explosiones afectaron también estaciones eléctricas, edificios residenciales y depósitos industriales. Las defensas antiaéreas ucranianas lograron interceptar una parte considerable del arsenal lanzado, aunque algunos proyectiles lograron impactar sus objetivos.
Este bombardeo ocurrió pocas horas después de una conversación telefónica entre Donald Trump y Vladimir Putin, en la que, según fuentes estadounidenses, el expresidente manifestó su decepción ante la postura rusa en el conflicto. Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski afirmó que reforzará la cooperación con Estados Unidos para mejorar las capacidades defensivas de Ucrania.
También reiteró su compromiso con una solución diplomática, aunque recalcó que la seguridad de la población ucraniana sigue siendo la prioridad ante los crecientes ataques aéreos por parte de Rusia.
