
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declaró oficialmente extintas a seis especies animales en 2025, según la actualización de su Lista Roja. Entre las pérdidas confirmadas se encuentran el zarapito fino, un ave migratoria emblemática, y la musaraña de la Isla Christmas, un pequeño mamífero endémico de Australia.
Esta declaración es el resultado de décadas sin avistamientos confirmados y de búsquedas exhaustivas en los hábitats históricos de estas especies. Según los criterios de la UICN, para declarar una extinción debe existir “certeza razonable” de que el último individuo ha muerto, tras prospecciones exhaustivas en momentos y lugares apropiados.
Especies declaradas extintas
La extinción de estas especies representa historias únicas y trágicas de declive, que ilustran las diversas presiones que enfrenta la biodiversidad global.
El rigor del proceso de declaración de extinción
La UICN no declara una especie extinta a la ligera. Los evaluadores aplican modelos estadísticos rigurosos que consideran la historia de avistamientos, la intensidad de las búsquedas y el alcance de las amenazas. Por ejemplo, para la musaraña de la Isla Christmas, se utilizaron dos modelos independientes que arrojaron probabilidades de extinción del 98% y 92%, muy por encima del umbral del 90% requerido. Este proceso busca evitar el llamado “error de Romeo”, es decir, declarar extinta prematuramente a una especie que aún podría sobrevivir, lo que conlleva la suspensión de esfuerzos de protección.
Causas detrás de las extinciones y el panorama global
Las causas que llevaron a la desaparición de estas especies reflejan las cinco principales amenazas globales señaladas por la UICN: destrucción de hábitats, sobreexplotación, especies invasoras, contaminación y cambio climático.
- El caso del zarapito fino: Esta ave, que migraba entre Siberia, el Mediterráneo y el norte de África, sucumbió principalmente a la caza y a la transformación masiva de su hábitat. Sus zonas de cría en las estepas kazajas fueron convertidas en campos de trigo, y los humedales donde invernaba desaparecieron bajo la agricultura.
- El caso de la musaraña de la Isla Christmas: Este es un ejemplo clásico de la vulnerabilidad extrema de las especies insulares. Una población que era “extremadamente común” a finales del siglo XIX fue diezmada en pocos años por una enfermedad introducida por ratas negras en 1900. La pequeña población residual que sobrevivió fue luego aniquilada por una cascada de invasiones biológicas: gatos salvajes, hormigas locas amarillas y, finalmente, la serpiente lobo asiática en la década de 1980.
Estas pérdidas se enmarcan en un contexto global alarmante. Según la última Lista Roja, más de 48,600 especies están amenazadas de extinción, lo que representa el 28% de todas las especies evaluadas. Algunos grupos, como los corales formadores de arrecifes (44%) y los anfibios (41%), se encuentran en una situación particularmente crítica. Australia tiene el triste récord de ser el país con mayor número de mamíferos extintos desde la colonización europea, con 39 especies desaparecidas, lo que equivale al 10% de su fauna mamífera original.
Más que una pérdida, una lección
La extinción del zarapito fino es especialmente significativa, ya que marca la primera extinción global confirmada de un ave continental migratoria en la era moderna. Su desaparición no es solo la pérdida de una especie, sino el colapso de una conexión ecológica que unía continentes a través de sus rutas migratorias.
Estos casos subrayan que la conservación debe ser proactiva y preventiva. Como muestra la historia de la musaraña, una vez que las especies invasoras se establecen y las poblaciones se reducen a un número crítico, los esfuerzos de rescate, por más intensos que sean, pueden llegar demasiado tarde. La protección temprana de los hábitats y el control estricto de especies foráneas, especialmente en islas y ecosistemas aislados, son estrategias fundamentales para prevenir futuras pérdidas.
