La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos en el país ha quedado descartada tras una llamada telefónica de aproximadamente 15 minutos con el presidente estadounidense, Donald Trump. La conversación tuvo lugar en un contexto de creciente tensión internacional, días después de la operación militar estadounidense que resultó en la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Sheinbaum declaró en su conferencia de prensa matutina que durante el diálogo quedó “muy claro” que el marco de colaboración y coordinación bilateral se mantiene, siempre respetando la soberanía mexicana. “El pueblo de México tiene que saber que su presidenta nunca va a negociar la soberanía ni la integridad territorial”, afirmó de manera categórica.

La mandataria mexicana subrayó su disposición a la cooperación, pero estableció una línea firme: “con Estados Unidos nos coordinamos, colaboramos pero nunca nos subordinamos y la independencia no se negocia”.

Contexto de la tensión internacional

La llamada entre ambos mandatarios se produjo después de que Trump, alentado por la operación en Venezuela, declarara en repetidas ocasiones que las fuerzas estadounidenses podrían comenzar ataques terrestres contra los cárteles mexicanos. Según el presidente estadounidense, estos grupos criminales “están dirigiendo México” y son responsables de un alto número de muertes en Estados Unidos.

Expertos en relaciones internacionales han analizado la postura de Washington de manera diversa. Algunos consideran que las “frases provocadoras” de Trump forman parte de su estilo comunicacional, seguido a menudo de fases de diálogo y conciliación. En contraste, otros analistas advierten sobre el potencial de acciones unilaterales. Guadalupe Correa Cabrera, experta del Centro de Terrorismo, Crimen Transnacional y Corrupción de la Universidad George Mason, señala que “Trump tiene el sartén por el mango y está dispuesto a todo”, y no descarta “acciones espectaculares”.

El trasfondo de la operación en Venezuela

La preocupación en México se intensificó tras la intervención estadounidense en Venezuela. El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales de EE. UU. ejecutaron la “Operación Determinación Absoluta”, una incursión militar que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La pareja fue trasladada a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y narcoterrorismo. En Venezuela, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada.

En su discurso posterior a la captura, Trump anunció que Estados Unidos “gobernará” Venezuela hacia una “transición segura” y que estaría “muy involucrado” en la explotación del petróleo venezolano. Esta operación, y las declaraciones que le siguieron, son señaladas como la causa directa del reciente aumento de la tensión retórica hacia México.

Una estrategia compleja: La fragmentación del crimen organizado

La visión de Trump sobre los cárteles como organizaciones jerárquicas que pueden ser rápidamente derrotadas contrasta con la compleja realidad del crimen organizado en México. Según expertos en seguridad, el panorama criminal se ha transformado profundamente.

A diferencia de décadas pasadas, donde media docena de cárteles dominaban el tráfico, hoy operan en México aproximadamente 400 grupos criminales de diferentes tamaños. El más poderoso, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), está compuesto por alrededor de 90 organizaciones interconectadas.

“Esta fragmentación ha significado que se necesite una estrategia más compleja y sofisticada para debilitarlos y desmembrarlos”, explicó Eduardo Guerrero, director de Lantia Intelligence. Para el historiador Benjamin T. Smith, mientras exista una gran demanda de drogas en EE. UU., “no vas a eliminar la oferta”. Comparó a estas organizaciones con corporaciones multinacionales: “Si mañana eliminaras al CEO de Coca-Cola, no dejarían de vender Coca-Cola”.

Posibles escenarios y la postura mexicana

Analistas consultados consideran que una intervención militar de gran escala en México es poco probable, principalmente debido a las profundas asimetrías y la cercanía geográfica entre ambos países, que hacen de la cooperación la única vía realista. Sin embargo, no descartan acciones unilaterales limitadas por parte de Washington.

Yadira Gálvez, investigadora de la UNAM, sugiere que acciones como ataques aéreos contra laboratorios de fentanilo u operaciones quirúrgicas para detener a líderes específicos podrían ser viables. Sheinbaum, por su parte, ha dejado claro que su gobierno no aceptaría ninguna operación militar extranjera en suelo mexicano. Argumenta que ya está tomando medidas duras, destacando una supuesta reducción del 50% en el flujo de fentanilo hacia EE. UU. gracias a la cooperación bilateral.

Cooperación afirmada

A pesar de la tensión retórica, altos funcionarios de ambos países han destacado los canales de trabajo conjunto. Horas después de la llamada entre presidentes, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, declaró que la relación bilateral es actualmente la “más cooperativa y mutuamente beneficiosa de las últimas décadas.

Sheinbaum también ha mantenido una agenda diplomática activa. Recientemente se reunió con más de 130 embajadores y cónsules acreditados en México, donde subrayó los principios de soberanía y cooperación internacional basada en el respeto mutuo.

La presidenta atribuyó parte de la narrativa que busca desacreditar a su gobierno a una campaña de la oposición mexicana, afirmando que sus adversarios “les hubiera gustado que” la llamada con Trump “no hubiera salido bien”. Reiteró que su administración siempre buscará una buena relación con Estados Unidos dentro del marco inquebrantable de los principios de soberanía e independencia nacional.

La resolución de esta coyuntura definirá no solo el futuro de las complejas relaciones México-Estados Unidos, sino también el tono de la política exterior estadounidense en el hemisferio occidental.