Tres destructores lanzamisiles de Estados Unidos se desplegaron en aguas internacionales frente a la costa de Venezuela, generando especulaciones sobre una posible intervención militar para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. La administración estadounidense asegura que la medida tiene como objetivo principal combatir el narcotráfico y prevenir que drogas ilegales ingresen a su territorio, mientras que acusa al gobierno venezolano de liderar un supuesto “cartel del narcoterrorismo”. Por su parte, el gobierno de Maduro respondió movilizando tropas y llamando al alistamiento de la Milicia Bolivariana, conformada por civiles, como parte de un plan de defensa nacional. La presencia de los buques y la posible llegada de 4,000 marines ha generado preocupación entre la población venezolana, que reacciona con una mezcla de humor, incertidumbre y alarma ante un posible conflicto. Expertos señalan que esta situación representa un nuevo golpe a las relaciones entre ambos países, tensas desde hace más de 26 años, y advierten que cualquier acción militar podría desestabilizar aún más la región. A nivel internacional, el despliegue ha atraído la atención de gobiernos y organismos internacionales sobre la necesidad de mantener el diálogo y prevenir un enfrentamiento armado que afecte la seguridad regional.