El 23 de diciembre de 2025, durante la segunda cumbre de líderes de la Confederación de la
AES, el capitán Ibrahim Traoré lanzó una advertencia contundente: se aproxima un “invierno negro” en África Occidental, “un invierno muy frío, sangriento y mortífero”.

Lejos de tratarse de una metáfora grandilocuente, Traoré formuló un diagnóstico político y geopolítico preciso. Lo dijo sin ambigüedades: la guerra se está desplazando hacia África Occidental, y el imperialismo está dispuesto a sumir la región en el caos si no logra controlarla por otros medios.

El invierno negro es el momento en que el imperialismo deja de disimular. Cuando la desestabilización, la manipulación mediática y la siembra de divisiones internas ya no son suficientes, entra en escena la violencia abierta.

Traoré no señala únicamente a actores externos. Apunta también a una realidad más: la complicidad interna. Las élites, los pseudointelectuales, ciertos medios de comunicación y líderes que fomentan el odio entre pueblos negros mientras otros saquean los recursos del continente. Para él, el invierno no llega solo desde fuera: se facilita desde dentro.

Poco después de su advertencia, el imperialismo movió abiertamente varias fichas. Una de ellas, aunque fuera del continente africano, permite extender este invierno negro a una escala global. Dos días después, el 25 de diciembre, Estados Unidos bombardeó un país de África Occidental: Nigeria. El ataque tuvo lugar en el estado de Sokoto, muy próximo a la frontera con Níger, lo que lo convierte también en una forma de presión contra la Alianza de los Estados del Sahel.

Once días después del aviso, el 3 de enero de 2026, se produjeron dos nuevas agresiones imperialistas.
Por un lado, Venezuela fue bombardeada y su presidente, junto a su esposa, fue secuestrado por Estados Unidos. Por otro lado, en Burkina Faso, Francia (con el apoyo de sus lacayos locales) orquestó un intento de golpe de Estado contra Ibrahim Traoré, llegando incluso a ordenar su asesinato. La rápida movilización popular logró frustrar completamente el intento.

Ante este invierno negro, Traoré plantea únicamente dos opciones: unirse para luchar contra el imperialismo o resignarse a la esclavițud hasta la desaparición. Aunque Traoré se refiera explícitamente a África Occidental, todo indica que su advertencia tiene un alcance global.

Lo ocurrido en Venezuela, en Nigeria y en el Sahel forma parte de un mismo ciclo histórico: un imperialismo en fase defensiva que, precisamente por ello, se vuelve cada vez más agresivo. El mensaje es claro: si África —y los pueblos del Sur global— no despiertan y no se unen frente a este terremoto imperialista que nos sacude, el resultado será muerte y destrucción para nuestros pueblos.